martes, 10 de agosto de 2010

Mi experiencia con Toy Story



(ACLARACIÓN: Se revelan datos sobre el final de la película Toy Story 3)




Me encontré con Toy Story hace algunos años cuando trabajé en una escuela que en la jerga educacional suelen denominar "urbano marginal". En esa escuela los juguetes eran en su mayoría donados entre libros inservibles (textos escolares, inútiles por desfasados) y ropa vieja.

De ese modo comenzó mi relación con esa saga magistral de Pixar, esa empresa que por un lado revoluciona el cine con la tecnología digital, pero con la eficacia clásica de un muy buen relato.

Buscaba en aquella época una película alternativa a la conservadora Rey León de Disney. Que se solía pasar en los colegios por el asunto de abordar la muerte (que problemas que se hacen los adultos con la muerte y cómo explicárselas a los niños, ¿no?) Cuando en realidad a decir de un amigo, esa película reproduce la idea del que nace León hereda el reino, solo por el hecho de haber nacido. Una idea bastante fulera en el contexto de aquella escuela. Entonces, de ese modo me encuentro con esos juguetes políticamente incorrectos. Así en Toy Story es a través de las fallas, las roturas, sus vanidades, deseos de protagonismo, de heroísmo y con aquello que no andaba en lo envejecido de esos juguetes con vida, (¿quién no fantaseo con esa idea alguna vez?) me parecía una película dignísima de ver con los chicos acostumbrados a convivir con juguetes hechos mierda, donaciones que no cuestan nada, es decir, restos de limpieza. Y quizás disciplinados en la ética de la naturaleza humana tipo Rey León, si naces acá (pobre de casi todo) tu destino es inexorable.

Son bien conocidos en el mundo educativo, y fundamentalmente en los contextos marginales, los ¿conceptos? de inclusión, escuela inclusiva, respeto por la diversidad cultural, capacidades diferentes, etc. Los docentes siempre inmersos en esa Babel nosológica que intenta disimular lo que es más humano, las diferencias. Todavía hoy se suele escuchar a algún docente recitar ese slogan “acá somos todos iguales”.

Hoy asistimos a una avalancha de juguetes "pedagógicos" que incitan a los niños a seguir aprendiendo, en lugar del juego libre. ¡A aprender jugando! Así en la época del juguete útil, pedagógico, esa extraordinaria película ponía en escena a una banda de juguetes al borde del abandono, del maltrato, que enfrentaban las situaciones más complejas en equipo, en grupo, con el ingenio como herramienta de supervivencia. El juguete como medio para la imaginación, la fantasía y el juego libre.

Cuando apareció Toy Story 2 la esperé con el prejuicio lógico de las segundas partes. Felizmente sorprendido. Pixar lo habían hecho nuevamente. Esta vez el peligro es el destino de colección, los juguetes son para jugar gritaban aquellos héroes, siempre comandados por el inefable Woody, ese vaquero escuálido que corporiza al héroe clásico,(podría leerse como el reverso del icono criminal John Wayne) y su amigo Buzz Lightyear, un robot volador con delirios de grandeza casi psicótica (en la primera, cree que es Buzz y no su representación de juguete) que no se achica nunca. (Atención al reseteo de Buzz en la 3°, Buzz convertido al español, es una hallazgo de ingenio extraordinario) estos dos líderes protagónicos, clásico y moderno, y en el medio una galería exquisita de diversos tipos de juguetes, desde los entrañables soldaditos, que en la tercera parte parecen huir para otra guerra, hasta ese perro con lomo de resorte, la infaltable barbie, y el Sr y la Sra. cara de papa portando un montón de atributos intercambiables. Hasta el miedoso dinosaurio Rex.

Pixar ya marcaba la diferencia y lo estaba haciendo con otras perlas por el estilo como esa belleza de Monster Inc. o Bichos, Buscando a Nemo, Cars, o Wall-e. Pero volvieron los juguetes animados otra vez, y según la crítica especializada, la cereza de la torta a esta saga formidable.

Siempre me pasa lo mismo con este tipo de películas, me distraigo con los detalles, cuando las vuelvo a ver, no solo por un placer infantil y neurótico de la repetición, sino por otras varias razones, una de ellas, es la paternidad, a veces tengo el "sacrificio" de reverlas con mis hijas, es ahí donde siempre termino descubriendo mas detalles que he dejado pasar debido a mi incapacidad analítica, o por la fascinación que me produce esa forma narrativa que en esta multiplicidad de aventuras, me extravío como en este caso, (en la 3°) en el disfrute de esa guardería convertida en cárcel de máxima seguridad, en esos malos entendidos entre Andy (el niño dueño de los juguetes) y sus juguetes, en la bellísima y graciosa relación entre Barbie y Ken, con la inagotable pelea que Woody tiene con él mismo y sus amigos, que se debaten su destino entre un ático o algún otro dueño o guardería. Y fundamentalmente, la joya de esta película, la aparición de ese malvado Oso Lotso.


Duelo

Una de las maneras de entender el duelo, es pensar la pérdida como una parte de uno, que se va con el objeto, no es tanto el objeto en sí, sino, lo que hay de uno en ese objeto. “una parte de sí”.

En el final de esta historia, Andy termina donando sus juguetes que lo acompañaron en su infancia, pero cuando está con la nueva dueña, realiza un trabajo de singularización de cada uno de los juguetes, en una escena que es muy difícil contener el famoso nudo en la garganta, ¿por qué emociona esa escena? creo que justamente por esa presentación que historiza a cada uno de los juguetes. La singularización que lleva adelante, a la que será su nueva creadora de aventuras. Hasta que se encuentra en la tarea, a pesar de él, de donar a su fetiche, Woody (Andy pensaba conservarlo en su cofrecito avaro y llevarlo con él a la universidad, pero luego de un artilugio de nuestro héroe Woody que se las ingenia para incorporarse a esa caja con sus amigos). Andy mira, se sorprende, se niega, piensa y cede. Dona. Da. Como un don, lo que está dando es amor, el amor por ese juguete protagonista de sus aventuras de infancia. Lo tiene que dejar ir. Ese amor de Andy por sus juguetes se transfiere, eso se transmite.

Esta película trata sobre el duelo, otra vez los de Pixar se meten con el paso del tiempo, el duelo de los juguetes a su dueño que ha crecido y se va a la universidad, el duelo del mismísimo Andy de sus juguetes, y particularmente su fetiche Woody. También, me parece que una de las tantas virtudes de esta película, es el modo en que están narradas las dubitaciones, debilidades, dudas, de todos los personajes, porque aquí, como en toda buena historia, nadie es del todo puro, del todo malo, (salvo Lotso, que de todos modos, no fue siempre malo, parece que Lotso está enfermo de resentimiento, está enfermo de amor), casi con la mayoría de los personajes tenemos sensaciones encontradas, todos dudan, temen, hay que recordar que en el comienzo de esta trilogía, Woody se enfrenta con Buzz, por ocupar el lugar de privilegio en el afecto de su dueño, y en esa pelea muestran toda clase de hilachas. Estos juguetes se juegan por lo que no están del todo seguro, a veces saltan al vacío, y nos pone en una situación angustiosa como pocas películas de Pixar hasta acá. Es quizás la más humana de la saga.

Cuando trabajaba en aquella escuela, los juguetes eran donados, en la famosa caja de juegos del Gabinete, estaban ahí, amontonados e indiscriminados a simple vista, salvo para sus ocasionales dueños, que sabían muy bien quién lo esperaba dentro de esa caja. Pero finalmente me interesa destacar la manera en que alguien dona algo que ya no le sirve. Dar lo que no cuesta, alivia, limpia un cuarto, y libera la culpa con argumentos del estilo “al menos no lo tiramos”, “se lo damos a alguien que lo necesita”. Eso podría ser muy noble, pero ¿donar juguetes rotos? o libros chatarra, por ejemplo libros escolares de hace unos 20 años, es un acto de crueldad por la ética implícita que conlleva.

A veces creo, que algún niño después de vivir la experiencia Toy Story no sale igual. Del mismo modo que los adultos, somos un poquito otros, aunque de modo imperceptible para los demás,cuando una obra de arte “nos toca”, algo se mete como una semilla, y si el contexto lo favorece, producirá frutos, porque finalmente, de algún modo, somos lo que consumimos.

Los de mi generación, nos educamos con héroes impolutos, moralmente intachables, exageradamente solos en sus hazañas, es decir, inalcanzable en nuestros juegos. Terminábamos siempre heridos al intentar ser lo que jamás seríamos.

Quien vea esta película o alguna de la saga Toy Story, quizás tenga la suerte de ser hechizado por el alma de los juguetes, que gritan, con los actos más nobles, que quieren seguir siendo juguetes, en los tiempos del juguete pedagógico, aparecen ellos y se disponen para ser el medio a la fantasía, a la imaginación, a la creatividad y el juego libre como sostiene la ética de Buzz Lightyear, Hasta el infinito y más allá.

martes, 13 de abril de 2010

SOBRE EL CAFÉ TEMÁTICO.

Una experiencia de horizantalidad y tolerancia

La experiencia del café temático de los viernes, sigue dando que hablar, y escribir. Es una práctica a la que no nos animamos a tocarla demasiado por miedo a que se rompa, tiene la fragilidad de los momentos de libertad, o lo que uno cree a veces sobre la libertad. Nos gusta engañarnos con esa sensación. Con esa imposibilidad.
El café, todavía es una modalidad de conversación en la que nadie sale con ningún rédito, todos pierden. Los dueños del bar, arriesgan el espacio, las mesas y sillas, que pueden ser ocupadas por otros comensales con consumos más abultados, que unos simples cafés y cortados. Los que participan del café, salen perdiendo y perdidos en sus palabras, nadie anota nada, nadie graba nada. Nadie filma, no hay registro más que la experiencia. Entonces nadie se lleva nada para retocar, corregir, solo las palabras que le resuenan a cada uno. Y eso es una pérdida.
Pero perder, no tiene necesariamente una connotación negativa. Quizás sea una forma de pérdida, otra, como las charlas de esquina en la adolescencia, cuando había tiempo, todo el tiempo de las noches y las siestas y ninguna responsabilidad, ¿que otra cosa es la adolescencia, para el que tiene el privilegio de atravesarla? Atravesar ese invento de las clasificaciones del poder Psí.
Tampoco perder, tiene que tener ese aire romántico, de perder y gozar con eso, me refiero quizás, a perder en el sentido más humano, más profundo. Solo crecemos cuando dejamos algo, cuando perdemos. Cuando algo nuestro se va, a veces con otros. Aprender a dejar, cuesta vida, toda la vida. Por eso duele. Por eso cuando algo produce alguna forma de placer o bienestar, inmediatamente se intenta hacer serie al infinito, hasta saturar la experiencia. ¿Algo sale bien? Ahí está la industria, el mercado, nosotros, intentando universalizarlo. Los más progres pueden decir socializar la experiencia. Los más prácticos vendiendo la fórmula. Formulando recetas.
En esta breve experiencia, ya han pasado un centenar de personas, de las más diversas formas de vivir y pensar la existencia. Se ha conversado sobre el amor, la lógica de mercados y el arte, la muerte, la ciencia, lo sobrenatural. Es decir, las mismas preguntas de siempre, desde que pisamos este insignificante planeta, y la naturaleza nos interpeló, nos pasamos todas las vidas intentando respondernos las mismas preguntas. Y solo logramos más preguntas. A veces mas vacío, pero con la bulimia del sentido.
Mayormente se escucha que los jóvenes no tienen muchas alternativas de expresión, que están a la deriva en un mundo cada vez más devastado por un universo de imágenes y drogas que los expulsan al delito. Esa y tantas falacias del sentido común quedan desestimadas con solo moverse un poco, mirar un poquito más allá, apenas.
¿Y los adultos? ¿Tienen muchas alternativas, más allá de la narcotizarte tv, más letal que cualquier estupefaciente berreta que consumen los pibes en las calles? Si tienen. Muchas. Nosotros ofrecemos humildemente el espacio del café temático de los viernes. Una experiencia, pequeña, pero pretenciosa, ejercer la práctica de la conversación, sobre algunos temas que a veces nos interrogan, nos inquietan, nos despierta curiosidad, etc. Con muy pocas consignas, entre ellas, la tolerancia a la diferencia, uno de los requisitos básicos del intercambio de ideas, si en el otro no existe la posibilidad de interrogarme, no es intercambio, es imposición y diálogo de sordos.
Todavía no sabemos porque funciona tan bien. Sospechamos de algunas cosas, entre ellas, la práctica de la tolerancia, y la horizontalidad. Eso no significa para nada, que todo lo que se dice tiene el mismo valor epistemológico y cada cosa se confunde con todo y así todo da igual, no. La horizontalidad en el ejercicio de la opinión o pregunta, significa, entre tantas cosas, que tiene el mismo valor y derecho de ejercer la opinión, (y el silencio) cualquiera de los participantes, eso no le quita rigor al diálogo y el intercambio, al contrario, creemos que lo enriquece. Nunca podemos saber de antemano, a qué lugar va a derivar la conversación, de eso modo, surge, como en una práctica analítica, algo que a veces nos encuentra incautos, y nos empuja a la reflexión y el análisis, que cada uno, en la soledad de su vida, aprovechara a su modo.
Ah! pensaba en estas cosas, porque mi hija más chica, hoy cumple 4 años. Si hay algo que tiene que ver con la diferencia y la tolerancia, ¿es un hijo no? A veces las miro y deseo profundamente que no crezcan. Pero de a poco, pierdo, y me consuelo con la idea de que le mundo que les toca vivir es mucho mejor que el mío. De eso tengo certeza. Sepan Disculpar.

12 de Abril de 2010

martes, 6 de abril de 2010

Paulette, preguntas

Alberto Sladogna

La policía desde hace dieciocho meses ha registrado la residencia y sus inmediaciones de cabo a rabo. En vano [Seminario sobre La carta robada, Jacques Lacan

Todo acto loco en público es la denuncia de una grave crisis cultural [a la manera de J.Lacan]



Edgard Alan Poe en La carta robada relata el método de la policía: buscar allí donde no hay nada, dejar de buscar allí donde las cosas están. El método consiste en buscar en lo oculto, en lo oscurito y no ver lo que está a la vista.

Entre la noche del domingo 21/03/2010 y la mañana del lunes 22/03/2010 desapareció de su casa, la niña Paulette Gebara Farah. Mientras se la suponía dormida desapareció: en la noche; fue llevada a dormir a su habitación en el departamento de sus padres ubicado en el barrio de Interlomas, municipio de Huixquilucan, Estado de México, considerado parte del área metropolitana de Ciudad de México. El departamento, posiblemente, forma parte de un edificio inteligente, dotado de los más altos mecanismos de seguridad y vigilancia, en particular, circuitos cerrados de cámaras de vídeo, algunas no visibles a simple vista.

El lunes 29 las autoridades arraigaron a sus padres -Mauricio Gebara y Lisette Farah- así como a las empleadas domésticas -Erika y Martha Casimiro- debido a que incurrieron en contradicciones al hablar con las autoridades ministeriales

Preguntas: ¿Cuáles fueron las inconsistencias? Esas divergencias en las declaraciones ¿Quién o quienes las produjeron? ¿Fue la madre, el padre, la hermana, una o ambas nanas? ¿Entre quienes se produjeron las inconsistencias?

La Procuraduría General de Justicia del Estado de México, PGJEM, informó que entre el martes 30 de marzo y la madrugada del 31 fue hallado el cuerpo de Paulette, de 4 años, quien desapareció estando dormida la noche del domingo 21 de marzo.

La menor fue hallada debajo de su cama, dijo en rueda de prensa el Procurador del Estado de México, Alberto Bazbaz. El cadáver de Paulette Gebara Farah se encntraba entre el colchón y la estructura que lo contiene, cubierta por las sábanas y colchas de la misma, el funcionario añadió: (La niña murió) por asfixia mecánica por sofocación, en su modalidad de oclusión de orificios respiratorios y compresión torácica abdominal.

Dado que se reconoció muerte debido a una asfixia por sofocación, estamos ante la posibilidad, solo la posibilidad, de un crimen.

Preguntas: ¿Cómo se produjo la asfixia por sofocación? ¿La oclusión de los orificios nasales cómo se llevo a cabo? Una oclusión nasal puede ser efectuada por la presión de unos dedos o de una mano sobre la nariz y/o por un peso que aplasta y/o por tanto ocluye la nariz ¿Cómo ocurrió la compresión torácica? Estos elementos suelen ser revelados por la investigación forense, si no es posible revelarlos debido al secreto del procedimiento jurídico ¿Por qué no anunciaron esa dificultad procesal? ¿Para qué adelantaron esos dos elementos?

Ese crimen, si es que fue un crimen, quien haya sido que lo cometió responderá ante la justicia; ella impondrá el castigo que la sociedad autorizó para tales casos. Este es el aspecto incuestionable que ese crimen dejaría en claro: cada sociedad se da los criterios para castigar tales actos.

La muerte de Paulette no deja de tener consecuencias: tal como se presenta la muerte de esa niña, sea de la clase social que sea, es algo sensible que toca nuestros cuerpos, cada quien reacciona como puede reaccionar ante eso.

¿Cuál es el nudo que Paulette toca? Toca nuestros afectos, ellos son elementos que solo tienen una residencia, el cuerpo. Los afectos no dependen de nuestra ideología, de nuestras creencias, de nuestras posiciones políticas ni económicas, los afectos residen en el cuerpo de cada quien, uno por uno.

Las informaciones con las que contamos han circunscripto de manera puntual a los arraigados pues se los considera posibles participes o ejecutantes: el padre, la madre, una hermana, y las dos nanas. Los boletines de prensa de las autoridades cada día apuntan a la madre, de manera insistente.

Si ese crimen puede ser atribuido a una madre o a un padre o ambos, la sola atribución grita algo: es un crimen contra el cual no hay defensa, no tiene posibilidades de ser evitado. Ese crimen no es una falla del Estado en la seguridad, al contrario ese crimen interroga un núcleo de la seguridad ¿Cómo es que una madre o un padre o…un miembro del núcleo familiar primario puede cometer ese acto?

Paulette requería de asistencia permanente, de acuerdo a declaraciones de su madre, debido a sus dificultades de orden físico - discapacidad motriz en brazo y en pierna izquierda más una incapacidad verbal. Ella dependía -como cualquier otro infante- de un adulto o de los adultos que la trajeron al mundo. En su caso, no está claro, si la incapacidad era congénita o producto de un accidente en el parto prematuro que la trajo al mundo. De todas formas debido a su edad Paulette, como cualquier otra niña, dependía de sus padres, su constitución física daría sesgos particulares a esa relación.

Entonces, que entre la noche del domingo y la madrugada del lunes ella haya desparecido, y luego, fuera encontrado en su cama el cuerpo sin vida muestra algo atroz: Estando bajo la dependencia de sus padres (madre y padre) se produjo un posible crimen, allí donde no se espera, no se piensa que eso pueda ocurrir.

Preguntas: ¿Cómo es que Paulette desapareció en domingo a la noche y el lunes? Si ella se fue a dormir ¿Qué elementos se tienen para revelar que en efecto se fue a dormir? Y si hubiera llegado dormida ¿Cómo fue que desapareció de su cama?

No se espera, no se piensa que eso pueda ocurrir, incluso a pesar de que esos crímenes son frecuentes -o cada día más frecuentes, en las mismas fechas apareció en Guadalajara, un niño muerto por su padre quien confesó ,luego de haberlo reportado desaparecido, confesó que él cometió el crimen de manera accidental. La reiteración de esos crímenes no aminora su impacto ¿Cómo se puede cometer allí ese crimen allí? Crímenes de infantes que están en una dependencia absoluta de sus progenitores, sean estos de las clases sociales que sean. Aquí las diferencias de educación, de costumbres religiosas, de contactos con el poder, de posiciones políticas, ninguna de esas circunstancias impiden que estando bajo la dependencia de absoluta de los padres, los infantes puedan ser objeto de un crimen ejecutado por ellos (sean ambos, sea uno con acuerdo del otro, sea algún otro miembro cercano del complejo parental).

Para cada humano la pertenencia a un núcleo social pasa por un periodo largo de vivir en una dependencia tal que cada infante es una prolongación del cuerpo de sus padres, solo así logra sobrevivir y ser parte del núcleo social, seamos hijos de los de los de arriba, de los del medio o de los de abajo.

El crimen que se dice quitó la vida a Paulette se ejecutó, en un lugar de la intimidad subjetiva de sus padres, de su hermana, de sus allegados y de los miembros del complejo familiar. Esa intimidad no protege a quien lo hizo de pagar su condena jurídica, moral, religiosa, ética o social, junto con ello, y pese a ello, cada una, cada uno de nosotros sabemos que no será el ministerio público, no será la justicia, no será la moral de los mitos quien responderá por la verdad subjetiva que esa intimidad lleva consigo. Pese a ello, esa verdad que no conocemos, y muy posiblemente- no llegaremos a conocer- de todas maneras nos afecta ¿Por qué nos afecta lo ocurrido a Paulette? ¿Cómo es que nos afecta una verdad que sabemos sin saberla?

Dejemos de lado los aspectos políticos. A los políticos solo les afecta la imagen, por eso el Lic. Bazbaz, Procurador de Justicia del Estado de México, no se podía permitir reconocer que, de manera mínima, la investigación no fue cuidadosa. No lo fue: un departamento de 300m2 olfateado por perros rastreadores, allí después de ser sellado entró el cuerpo de Paulette. Se suma otro dato: los forenses indican que Paulette llevaba entre cinco y nueve días ya muerta.

Ese elemento arroja algo: Nueve días antes hace coincidir el crimen con la fecha de la desaparición, cinco días antes hace coincidir el crimen con las fechas en que el ministerio reconoció falta de consistencias en las declaraciones.

Preguntas: Fotografías tomadas el mismo día de la desaparición y días subsiguientes muestran que Paulette, viva o muerta, no estaba allí. Su lecho aparecía desordenado, y solo una de las fotos mostraba una sobre elevación en el lugar donde luego se encontraría el cadáver, el resto de la litera en esa foto aparece ordenado ¿Nadie vio el promontorio antes de la aparición del cuerpo? ¿Es seguro que el cuerpo que llegó el domingo era un cuerpo con vida?

Es clara la desprolijidad, la falta de cuidado de parte de los investigadores. Ellos hacían como que investigaban. Los políticos y sus funcionarios no pueden reconocer que ellos son parte, quizás la más importante, en la fabricación, producción, distribución y venta de la falta de credibilidad ¿Lo hacen para lograr no ser creíbles?

La ausencia de una investigación pertinente, correcta y prolija no modificaría en un solo punto una pregunta ¿Qué nos arroja a cada quien ese acto loco que le acaeció a una hija que dependía para vivir de sus padres? ¿Qué nos grita Paulette de forma sorda y ensordecedora? Esa verdad que cada uno de nosotros sabe sin saberla no será descubierta por políticos, por ministerios profesionales o por psicopatologías ingeniosas.

Pregunta: ¿Para qué es necesario insistir tanto en el crimen y dejar de lado, solo como posibilidad, un accidente? ¿Un accidente mortal ocurrido, en tales o cuales circunstancias a un hijo para qué ocultarlo? ¿Ocultarlo no lo convierte en un crimen? Si se tomara nota de esa posibilidad ¿Cómo se produjo? ¿Quiénes estaban involucrados en el mismo?

El núcleo de verdad transmitido por Paulette, cuyo cuerpo al día de hoy (sábado 3/04/2010, a las 13hs) no ha sido reclamado por nadie, esa verdad que no sabiendo sabemos, esa verdad ofrece una señal leve pero señal ¿Quién puede estar al margen de cometer, y/o de que le ocurran cosas semejantes con los infantes a su cargo? Se trata de un hecho único, incluso si fuese un crimen, Paulette ya está muerta, quien o quienes estuvieron o participaron del accidente o cometieron el posible crimen (¿su padre o a su madre o ambos u otros miembros del complejo familiar?), ellos ya lo hicieron, no volverán a participar, no son profesionales del crimen, ni de los accidentes.

Pregunta: Cómo los humanos que traemos descendencia a este mundo, cómo es que dependiendo ellos de nosotros, ¿Cómo es que participamos de un accidente mortal para ellos, o peor aún, cómo es que podemos participar de darles muerte? ¿Cómo estar en el lugar de padres, de madres, de hermanas y aceptar que un accidente puede ocurrir afectando a quién cuidamos?

Alberto Sladogna,
analista,
http://www.edicionesartefactos.com
http://www.elsaborsaberdelpsicoanalisis.org
http://www.escucharte.net.
http://twiter.com/sladogna

viernes, 26 de marzo de 2010

LA INTERPRETACIÓN COMO HEMORRAGIA DEL SENTIDO

GUY LE GAUFEY



En un primer tiempo, la palabra «interpretación», así aislada, da miedo en tal soledad, asusta a quien quiere apoderarse de ella, debido a la amplitud de su dominio: en la religión, la filosofía, la ciencia, la lógica, en casi todas las artes, por todos lados, parece que hay interpretación, que nada se puede hacer sin un mínimo de interpretación. De tal modo que intentar abordar dicha interpretación, en general, parece una apuesta insostenible, a menos que uno se eleve a una altura tal que corra el riesgo de romperse la crisma.
Lo que más me interesa destacar, a partir de tal título – que di hace algunos meses para deshacerme de una presión que en aquel entonces no tenía muchas bases–, es la segunda parte: la hemorragia del sentido. Siempre –no sé bien porqué– me interesó la hemorragia. Supongo que tengo un sentimiento bastante hemorrágico de la vida misma: algo que fluye sin pedirnos permiso, hasta el punto en que se detiene, brutalmente o con una parsimonia insultante. Me parece que en la vida y en el sentido hay el mismo tipo de economía que calificaré, con su permiso, de hidráulica, a reserva de explicarlo mejor más adelante.
Por el momento, insistiré más en el término «economía», que introduzco no sin razón. Durante los primeros siglos del cristianismo, en la tradición patrística, fue una palabra clave para significar la manera por la cual Dios se hacía manifiesto a través de su Providencia, su Gracia o su Sabiduría. Su Economía era el estilo peculiar de su epifanía, su manera de pasar del infinito de su ser, al finito de este mundo; de su necesaria incircunscripción a su circunscripción, esencialmente la del Hijo que tomó forma humana a través del milagro de la Navidad (hay siempre un tufo de milagro en la economía, en la medida en que se trata de cambiar radicalmente de registro). En esta economía divina, se trataba del pasaje de algo, en su principio mismo incognoscible, a algo nuevo que estuviera a nuestra altura. Y entre los dos… ¿qué podemos decir que valga la pena? ¿Cómo saber si se trata o no de lo mismo? Obviamente, con Dios — aquí está su gran mérito – las cosas son inmediatamente clarísimas: nunca podremos comparar entre Él y cualquiera de sus manifestaciones. Pero, en lo que toca a la interpretación, a este pasaje del uno al otro, del texto latente al texto manifiesto, vamos a ver hasta qué punto es difícil tomar una posición clara en este embrollo.
En uno de sus comentarios sobre nuestro gran jefe, Aristóteles, el filósofo francés Paul Ricœur –quien es casi un especialista de la interpretación en la medida en que escribió dos libros enormes sobre este tema– da la siguiente definición de la interpretación (que toma de Aristóteles mismo):
Dire quelque chose de quelque chose, c’est, au sens complet et fort du mot, interpréter.
Decir algo a propósito de algo es, en el sentido pleno y fuerte de la palabra, interpretar.
A pesar de su carácter de extrema trivialidad, esa fórmula nos señala bien que lo que importa aquí para acercarnos a la interpretación es apreciar correctamente la relación entre el primer y el segundo «algo». Aparentemente, al seguir la lógica de esta economía divina que empezamos a percibir, parece que hay por lo menos dos situaciones opuestas. Por un lado, el primer «algo» es el enunciado propiamente dicho de la interpretación, entonces éste no puede faltar en su presencia positiva. Pero la calidad de la presencia del segundo «algo» nos permite concebir los dos extremos que quiero escenificar. Puede ser un enunciado del mismo nivel que el primero, como cuando se escucha directamente, en la televisión por ejemplo, la voz del intérprete que cubre más o menos la del personaje hablante. En este caso, los dos mensajes se pueden comparar, por ser ambos de la misma veta. Por el contrario, cuando se trata de explicitar un fenómeno natural, es decir pasar de un signo más o menos opaco – como la expresión de un rostro– al sentido claro de un enunciado en lengua natural, podemos tener la impresión de que aquí se trata de otra cosa.
Pero, de hecho, no es tan obvio. En la traducción misma, que aparentemente confronta dos enunciados del mismo nivel, la puesta en relación se hace a través del mismo rodeo que llamamos, de un solo golpe y sin reflexionar más, «el sentido». Aun cuando el segundo «algo» sea dado tan claramente como en un enunciado, o tan dudosamente como en la configuración de un augurio, la interpretación siempre supone la existencia de este tercer término del sentido — del cual por el instante no se sabe bien si se trata de un término o no – pero es lo que autoriza el pasaje del primer al segundo algo.

La naturaleza del sentido
Es una cuestión tan antigua como la humanidad, pero que tuvo un gran renacimiento con la hermenéutica alemana del siglo XIX, con Friedrich Schleiermacher (1768-1834), y sobre todo Wilhelm Dilthey (1833-1911). Ellos inventaron, entre otras cosas, lo que llamaron el «circulo hermenéutico» al esclarecer un hecho fundamental ligado a la actividad de interpretar : para interpretar, hay que entender lo que se trata de interpretar. Eso es de cajón. Lo que es menos claro, es que para «entender», habría que estar de acuerdo, profundamente, con lo que se dice, habría que estar involucrado en el ambiente para entender en todos sus matices lo que se dice a través de ese «algo» que se presenta para interpretarse. Se trata de la gran cuestión de la empatía.
¿De dónde surgía tal exigencia? Como ocurre muy a menudo, fue una reacción en contra de excesos anteriores, sobre todo aquellos relacionados con la interpretación alegórica que colgaba, con más o menos delicadeza, un sentido nuevo sobre figuras o símbolos antiguos, sin preocuparse mucho de sus sentidos anteriores. En un movimiento de salubridad textual, intentaron destacar con la máxima atención posible, un sentido supuestamente original, a partir del cual se podía considerar una historia viable de las diferentes interpretaciones. La excelente filología alemana del siglo XIX seguiría este camino, para su mayor éxito. En el siglo XX, alguien de la estatura del filósofo Jaspers insistía fuertemente en la «comprensión», directamente derivada de la empatía de la hermenéutica del siglo anterior .
¿Por qué la empatía? Obviamente, para empatar. Para hacerse de este maldito sentido que se propone como lo que podría arbitrar entre nuestro primer y nuestro segundo «algo». Este sentido permanece obviamente en el aire en la medida en que no se puede ubicar de ninguna manera. Entonces, la exigencia de empatía consistía esencialmente en un conocimiento fino de la zona de producción del enunciado, del texto o del mito a interpretar, a fin de que la interpretación no cayera del cielo, ya que el cielo, en este tipo de ocasiones, se reduce comúnmente a los prejuicios del intérprete.
Aquí estamos en una encrucijada: ¿cómo saber –lo que se llama saber– si este «entender» que se presenta como condición mínima de interpretación no se reduce mera y simplemente a una proyección? A lo sumo, intentaré dilatar mis horizontes y a lo sumo corro peligro de utilizar, en mi ignorancia profunda de aquello lejano y ajeno, mis propios datos. Y, lo más grave de todo, es que lo haré sin poder saber hasta qué punto lo hago. Situación, ésta, sumamente incómoda.
La calidad de existencia de ese «sentido» ha sido objeto de apuestas totalmente opuestas. Para quedarnos en el terreno de la lógica (que parece más seguro), podemos referirnos al lógico alemán Gottlob Frege, y al filósofo estadounidense W. V. O. Quine, como los paladines de las dos tesis más opuestas. Frege sostuvo, por su lado, que el Sinn, el sentido de una proposición lógica que él llamaba una «función», existía independientemente de la existencia de cualquier Bedeutung, es decir de cualquier objeto capaz de llenar el vacío esencial de dicha función. Parecía que el sentido de una función podría establecerse con toda claridad, independientemente de cualquier Bedeutung, de cualquier «denotación». Con una diferencia tan clara entre tal Sinn y tal Bedeutung, Frege pudo creer durante algunos años que estaba en el camino de producir una escritura lógica sin ninguna de las equivocaciones de las lenguas naturales. Pero esa diferencia tan clara debía conducirlo, pasando por la crítica muy aguda de Bertrand Russell, hacia la gran crisis de las paradojas de los fundamentos de las matemáticas. Lo que daba en un primer tiempo la impresión de aclarar muchísimo el paisaje, conducía, sin embargo, bastante rápido a la catástrofe. Esto no se podía aprehender de inmediato. A Frege le parecía muy claro que la significación de la proposición «la estrella de la mañana» y la significación de la proposición «la estrella de la noche» eran diferentes, aunque el progreso del saber astronómico hubiera conducido a nuestros lejanos abuelos al hallazgo de que estas dos significaciones tenían la misma Bedeutung, que el mismo objeto satisfacía a las dos proposiciones. De ahí la convicción de que cada significación propiamente construida existiera por su lado, con su propio significado, ya sea que fuera o no vacía, que tuviera o no un objeto.
Quine, por todo el contrario, al tomar aquí el camino contrario de Frege, ironizó muy a menudo sobre lo que llamaba, por su parte, el «mito de la significación». Era su manera de apuntar al hecho de que nunca se puede establecer una significación cualquiera, como uno quiera, sin que tercie un elemento que no viene del «algo» que se trata de interpretar, sino que viene necesariamente del intérprete mismo, a saber: lo que permite individuar, es decir poner en relación un enunciado con un objeto. Quine luchaba al mismo tiempo contra dos enemigos: el sentido comun, que confia naturalmente en el hecho de que lo que garantiza la interpretación es no sólo la existencia del objeto a interpretar, sino también nuestro conocimiento de sus propiedades especificas; y también luchaba contra un tipo de pensamiento como el de Frege, que planteaba el sentido fuera de cualquier referencia. De ahí su tesis conocida bajo el título de la «indeterminación de la traducción»; tesis en la cual no se trata de sostener que no hay traducción, que el traductor es siempre un traidor, etc etc. Por el contrario, Quine afirma en su manera inimitable que, si se pueden eliminar las malas traducciones, no se puede eligir racionalmente una que sea indudablemente la mejor. Hay siempre una imprecisión en la medida en que nunca se toca de la misma manera a nuestros dos «algos» que nos ayudan desde el inicio a entender el nudo complejo de la interpretación.
Para allanar un poco las innumerables dificultades de este asunto, tomémoslo por la vía negativa, y supongamos por un ratito que existe tal cosa : que la significación de un enunciado existe independientemente de las formas lingüísticas a través de las cuales comunicamos diariamente . Después de todo, ¿no es eso lo que hacemos todo el tiempo cuando suponemos que “A mi me gusta eso”, “J’aime bien ça” y “I like it”, dicen la «misma cosa»? Si se trata de la «misma cosa», por lo menos podemos decir que se trata de una cosa, ¿no? En este punto, Quine procura que sepamos apreciar el hecho de que el sistema de equivalencias de nuestros hábitos de traducción no puede funcionar como garantía de que exista una especie de diccionario semántico hacia el cual convergerían nuestras tres expresiones lingüísticas. Por lo tanto, se trata de una crítica casi feroz de la creencia en la existencia de lo que Popper, por su lado, llamó el «tercer mundo». Con Quine, y también con Wittgenstein, en un estilo totalmente diferente, encontramos una manera de pensar que prohibe considerar la interpretación como una substitución regulada sobre algo que se llamaría el sentido. No es que el sentido no exista «en general», sino que no se puede individuar como tal hasta el punto de que cada expresión bien formulada posea su propio sentido como parte de ella, lo que Quine resumió en una gran fórmula : «Meaning, yes. Meanings, No.»
Y lo que vale para este elemento lógico básico, que es una proposición, vale también en la traducción, y aún más allá, entre las culturas. Quine extendió su crítica hasta luchar en contra de la idea del antropólogo francés Lévy-Brulh quien había sostenido la existencia de una mentalidad «pre-lógica» en los hombres pre-históricos. Quine preguntaba : ¿qué es lo que le permite afirmar a Lévy-Brulh que aquellos hombres tenían una mentalidad pre-lógica? Lo único que se puede decir es que, tal vez, no tenían la misma que utilizamos nosotros ahora, y si utilizaban otra, no podemos saber cuál era porque no podemos pensar sin la ayuda inmediata e infalible de la nuestra. Y , por extraordinario que parezca, si pudiéramos hacerlo en la soledad de nuestro pensamiento , lo cierto es que no podríamos comunicarlo. Ocurre lo mismo con cualquier comunicación: ya sea con los marcianos, con todos los aliens, o con mi propio vecino.
Por supuesto, tenemos aquí una tesis extrema, y aun extremista. Pero su mérito no es buscar la unanimidad, sino permitir plantear algunas dudas. Y, por ejemplo, vislumbrar el hecho de que sostener más allá de las costumbres cotidianas la existencia de un sentido único en relación con cada proposición clara podría equivaler, rápidamente, a la idea extraña de exiliarse de su cultura. Ser otro. Nada menos. Imaginar un punto a partir del cual podríamos echar una ojeada a nuestro ámbito como si hubiera sido el de un salvaje total. El placer que derivamos, los unos y los otros, al comparar nuestros sistemas de moneda, de gobierno, nuestros modales de mesa, y, ¿por qué no?, nuestras maneras de analizar, este placer (y su angustia) existen, por supuesto, pero esta permanente comparación no tiene ningún punto de referencia, ningún equilibrio. Es bastante difícil convencerse de ello, y aún más sacar algunas consecuencias.
Si volvemos ahora al asunto de la interpretación desde la perspectiva analítica, nuestro pequeño rodeo por la significación nos abona algunos dividendos. Se disipa un poco (¡eso espero!) la idea tan obvia de que interpretar no sería sino dar otra forma lingüística al mismo sentido —y tampoco a un sentido «un poco» parecido, porque sigue faltando el instrumento de medida de este «un poco». A pesar de que no podemos arreglárnosla sin el sentido, tampoco podemos asegurar una interpretación a partir del sentido. Siempre hay que desplegar una estrategia para que el sentido producido por la interpretación se relacione con el otro «algo», el primero. Y además, este vínculo entre ambos no compete únicamente a la racionalidad. Ésta permite invalidar los vínculos más debiles, y así dejar de lado una marea de interpretaciones; pero esta misma racionalidad depende también de la trama de las interpretaciones posibles. Hay aquí un intercambio extraño entre la verdad, que toca a un cierto rigor simbólico, y el ambiente semiótico que despliega un espacio imaginario apto para acoger la interpretación que será eligida. Es el caso en los ámbitos científicos, religiosos, literarios, y también en los analíticos.
El viraje lacaniano
La fama de Lacan se debe en gran parte a su promoción de la palabra «significante». Al punto de que, en el francés de hoy, el adjetivo «significatif» regresa… significativamente frente al adjetivo «signifiant». Se puede oir comúnmente a la radio: «Je trouve tout à fait signifiant…» («Encuentro absolutamente significante...»). Signo de los tiempos, y de la marca de la terminología analítica en la lengua común . Se trata ahora de saber si este cambio aparente de rumbo transforma o no la noción de interpretación que nos viene de Freud, y más allá, de toda una tradición del signo clásico. Se trata de saber si se inauguró con Lacan (y algunos otros) una concepción del signo tan diferente como para que cambie, más o menos, el estatuto de la interpretación.
Se sabe bien – tal vez demasiado bien, en mi opinión– que hay un lazo de Lacan con Saussure. Pero este vínculo está retorcido, precisamente en el punto que nos importa. En el Saussure del Curso de lingüística general, la representación del signo deja ver, en una especie de fracción, al significado arriba del significante, rodeados por una línea curva y cerrada que comprime a ambos en la nueva unidad del signo, mientras que esta construcción deja de lado, fuera de esa nueva lingüística, el vínculo con el referente que ya no forma parte ligada con el signo. Eso es todavía una manera de hacer entender que cada signo posee su propio significado; la diferencia es que el valor de cada significado ya no se establece a partir de su lazo con cualquier referente, sino a partir de todos los otros valores de los otros signos.
Lacan, desde sus primeros pasos por este tema, actúa de otra manera. Con él, el significante aventaja de inmediato al significado pasando arriba de la barra que siempre los destaca. Y también desaparece lo que llamé, por mi parte, en un libro anterior, el «lazo» –no tanto el vínculo entre significante y significado, sino esta herramienta, que es casi un circulo, esta cuerda que utilizan los gauchos para lazar a las vacas o los caballos rebeldes. Esta especie de cuerda, que en Sausurre permitía tener juntos significante y significado, circunscritos en la unidad del signo, ya no es con Lacan una propiedad del signo, sino la marca misma del imaginario, que viene de su concepción del estadio del espejo. Lo que le da su unidad al signo, como también a este átomo de sentido que es la proposición logica, es, para Lacan, algo del narcisismo, algo del imaginario, y nada del simbólico.
Tal inversión implica un montón de consecuencias. Ya no hay que sorprenderse cuando encontramos, por ejemplo en el seminario La identificación, una sesión en la cual Lacan habla del movimiento de la lengua como el de una noria en la cual cada cangilón, entendido aquí como metáfora de un significante, sube tal cantidad de agua, que toma aquí el valor de significado, para echarla en el río o en el arroyo del sentido. Eso es tanto como decir que este significado no tiene más identidad que la del agua, que entre «sentido» y «significado», no hay diferencia de naturaleza, sino sólo de grado. De ahí el concepto lacaniano de «signifiance »: una capacidad de significar sin ninguna exigencia de individuar, de singularizar cualquier significado que sea, como parte momentánea del sentido.
Por más rápida que sea esa brevísima descripción de la semiótica lacaniana, parece que en Lacan tenemos a un extremista de la estatura de Quine, alguien a quien le gusta decir (y pensar): «Meaning, yes. Meanings, no». Pero tal convicción, cualesquiera que sean sus bases, se revela muy rápido como una especie de máquina de guerra en contra del análisis que trae con profusión nuevos significados, que pretenden esclarecer muchas cosas, e invitan por eso a interpretar obras literarias tanto como síntomas neuróticos, películas modernas tanto como movimientos políticos, sentimientos tanto como sueños. El psicoanálisis se presenta así, muy a menudo, como una gran colección de significados que se concretarían, sin demasiados problemas, en cualquier lengua, en cualquier cultura. Hay mucho de eso en Freud mismo y en la cohorte de sus alumnos, incluso en Lacan, incluso en nosotros. El psicoanálisis nos presenta, en su saber, tal cantidad de significados aparentemente claves: la castración, el deseo, la represión, la transferencia, etc. etc., que es casi imposible no utilizarlos alguna vez de manera más o menos salvaje. Es demasiado tentador.
En esa perspectiva, interpretar, en el ámbito analítico, se reúne con el interpretar de siempre, ora en el sentido brutal de la interpretación alegórica (es el tono usual del partidario del análisis, tanto lacaniano como freudiano, quien despide sus interpretaciones sin muchos miramientos), ora en el sentido agudo de la interpretación hermenéutica a la Schleiermacher, que se puede acercar a la fórmula del «retorno a…» ¿A qué? ¡Al sentido original, por supuesto!
Pero sorprendentemente, Lacan se opuso siempre a considerar al psicoanálisis como una hermenéutica, y si a sus ojos existe alguna palabra condenada para calificar al análisis, es precisamente ésta. ¿Por qué?, porque la bandera del inicio de su enseñanza, este famoso «retorno a Freud», es tipicamente la de un movimiento a la Schleiermacher, que lucha en contra de los abusos de la interpretación alegórica, y favorece la búsqueda de un sentido original detrás del texto del mismo nombre.
Efectivamente, en estos años cincuenta en que Lacan empezaba la larga serie de sus seminarios, quería diferenciarse de la manera, muy común en el ámbito analítico francés, de invocar a Freud sin leerlo. En vez de esto, se recuría a una mera colección de significados, escogidos para formar una « teoría freudiana » que Sigmund Freud, por su parte, nunca escribió como tal. Y lo más importante era –y siempre es– que esa actitud con respecto al texto de Freud se repetía con respecto a la palabra del paciente. Ésta tenía el valor, por lo tanto, de revelar que correspondía a elementos de un saber freudiano prefabricado, reducido en el peor de lo casos a una psicología llena de todo lo que el sentido común puede arrastrar como pensamientos reaccionarios relacionados con una cierta idea de «salud», o peor aún, de «normalidad». En esta medida, el retorno a Freud fue lo que llamé anteriormente un movimiento de salubridad textual, y por eso mismo de alivio. Pero, insisto: ¿por qué rehusar tan constante y vigorosamente la palabra «hermenéutica», tanto para el análisis mismo como para su práctica cotidiana? ¿Cuál es el punto de discrepencia entre ambos?
En un primer tiempo, es obvio: un nuevo sentido no es, de ninguna manera, el blanco, la meta del acto analítico. Por medio de la interpretación, se trata, no tanto de hacer estallar un nuevo sentido, sino, por aquí levantar una inhibición, por allá allanar una dificultad, de una u otra manera, se trata de abrir un camino que no está, necesariamente, en la prolongación del sentido anterior.
Aquí está lo importante. Cuando se levanta una dificultad en el orden de la significación, cuando se arregla un problema en el orden del sentido, lo que se recupera es una forma de energía que nadie, estrictamente nadie, sabe bien por dónde va a ser empleada. Y esto, por eso, ya no es una cuestión que se pueda resolver por medio del sentido.
El rechazo de Lacan nos plantea un problema que se entiende a partir de ahí: por más cuidosamente que podamos seguir los hilos simbólicos que tejen el síntoma por medio del único hilo que se puede seguir, a saber el del significante, tenemos también que respetar el hecho de que el sentido que ata y alinea algunas significaciones, siempre se corta, siempre se quiebra, y queda en el aire la cuestión de su consistencia general, de su capacidad para sobrepasar indefinidamente sus fallas manifiestas.
En este punto, se plantea de manera drástica una pregunta demasiado grande para nosotros: se trata de un tipo de pregunta a la cual no se puede contestar simplemente porque no es una cuestión local. Todo lo contrario, abarca a la globalidad del sistema simbólico, nos interroga, más allá de cualquier vivencia a partir de que podríamos zanjar la cuestión, sobre si este sistema es uno, o no es uno. Más prácticamente: cuando los hilos del sentido se pierden, ¿se pierden accidentalmente, de tal modo que podemos reanudarlos?, o ¿se pierden definitivamente, sin que nunca, en ningún punto, vuelvan a cruzarse de nuevo?
Obviamente, el primer punto es vital para el psicoanálisis: la posibilidad de interpretar, de producir nuevos sentidos y, por eso, reordenar una parte más o menos importante de la estructura simbólica del sujeto, existe y constituye su raíz inexpugnable. Pero: ¿el segundo punto? ¿Cómo sostener la hipotesis (nunca será un hecho) de que los caminos del sentido siempre se cruzan, de una u otra manera? Sería una cuestión perfectamente vana si no se tratara, por esta misma apuesta, de la manera en que el analista empeña y sostiene la transferencia de la cual se hace el objeto, ya que esta transferencia es precisamente lo que corresponde a la hipótesis de que siempre (o ¿no siempre?) hay un texto latente detrás del texto manifiesto, que siempre (o ¿no siempre?) los caminos del sentido se cruzan.
Para avanzar un poquito, sin desplegar demasiados tecnicismos no tenemos más que agregar algunas consideraciones extrañas. Por ejemplo, siempre se dijo que todos los caminos conducen a Roma; esto basta para que se huela bien el tufo de religión que permite sostener que el desorden aparente de este mundo tiene su punto de unidad en su confluencia con el cielo. Podrá faltarle siempre algún sentido a los seres humanos, pero no podemos imaginar que le falte alguno al Espíritu Santo.
Pero, por otro lado, ¿qué especie de inspiración dictó a Freud que, en el análisis de un sueño, tan meticuloso y largo como sea, siempre habrá un ombligo que ningún análisis posterior podrá llevar a cabo? Qué movimiento le hizo pasar del mero hecho de la repetición (en el trauma, la transferencia, el fort/da) a su hipotesis tardía de una pulsión de muerte? Y ¿por qué Lacan, desde la construcción de su grafo del deseo, a fines de los años cincuenta, escribe las letras S(A;/ ), y significar así que «no hay Otro del Otro», que el simbólico es esencialmente incompleto? ¿De dónde se enteraron de lo que no se puede encontrar como tal?
Ambos lo alcanzaron por la vía negativa, es decir: si no se afirma este tipo de enunciado negativo, bajo una u otra forma, entonces nadie podrá impedir que el análisis se vuelva una máquina paranoica casi perfecta. Lo que le permite al hermenéuta serio no rodar por esta pendiente –es decir: la tradición en la cual se inscribe– eso es precisamente lo que le falta al analista en la soledad de su acto, en la clínica transferencial que es la suya.

Entonces, la cuestión del despliegue indefinido de la interpretación, que parece bastante natural para el hermenéuta, plantea un problema casi infernal para el analista: siempre tiene que apostar que cualquier signo, cualquier formación de sentido que lo atrape, se puede interpretar, pero si no quiere darle a la transferencia su cierre paranoico, debe sostener también que no todos los sentidos pueden atraparlo. Cualquiera... y no todos. Cualquiera... y no todos. Cualquiera... y no todos. Aquí está la hemorragia.



(*) texto extraído de :http://web.me.com/legaufey/Le_Gaufey/Textes_1973-2009.html

viernes, 6 de noviembre de 2009

BAJO ESTE SOL TREMENDO



Acabo de leer “BAJO ESTE SOL TREMENDO” tremenda novela de Carlos Busqued,
La historia de unos malandras de baja estofa, ambientada en el Chaco, mas precisamente en un pueblo(Lapachito), también para los que habitan esta ciudad (villa maría), podrán leer como la misma es escenario en una parte de la novela, momentos antes del desenlace. Novela cruel, oscura, con personajes sin discursos morales, ni psicologismos berretas. El autor en una entrevista dice sobre la construcción de los personajes“…esa cosa de que lo que pasa es lo que pasa, no hay pelotudeo, por eso no hay moral. Para qué vamos a hablar de qué hay que hacer o no hacer. Se hace…” yo leí eso y me mande a leer la novela. Crímenes, secuestros, violencia, desidia, quintales de porros, Discovery Channel y Animal Planet, elefantes y unos personajes sin ninguna manifestación de sensibilidad ante nada, con esos condimentos entre otros el autor arma una historia tremenda, generando esa sensación tan bella de no dejar el libro hasta el final. Sencillamente descomunal descubrimiento para mí y seguramente será para muchísima gente, que disfruta de esta clase de relatos, donde el análisis es para el lector, la novela cuenta una historia sin discursos éticos, solo cuenta, relata. No soy crítico literario, esta recomendación es desde el más absoluto amateurismo de lector. Para mas datos les dejo una entrevista al autor en la librería Eterna Cadencia, y para mas datos en este blog se encuentra un link al blog del autor, se llama Borderline Carlitos.



http://blog.eternacadencia.com.ar/?p=3664

domingo, 18 de octubre de 2009

ACERCAMIENTO A LOS TEXTOS DE LACAN (Ejercicio de lectura)



Impulsado por las circunstancias (la sociedad que otorgaba el reconocimiento para la práctica del psicoanálisis lo había expulsado de su seno) Lacan comenzó su enseñanza con el dictado de Seminarios.
Este movimiento político, estimula su pensamiento, sin hacer de él un sistema cerrado, abre vías conceptuales que no dejan de interrogarse y expandirse.
Los diez primeros seminarios se llevaron a cabo en el hospital Sainte-Anne, entre 1953 y 1963, desde 1964 y 1979 dicta sus seminarios primero en la Escuela Normal Superior y luego en la Facultad de Derecho. Cada uno de estos cambios espaciales designa impulsiones en su pensamiento.
Al proceso productivo de Lacan, se lo puede articular en etapas que van cada diez años, que, si bien pueden servir para ubicar la producción de sus conocimientos, no se establecen como compartimentos estancos, sino que demarcan la dimensión de un proceso discursivo que toma elementos de diversos campos del pensamiento.
El primer período se sostiene por la idea de un retorno a Freud, aduciendo la insustancialidad de las lecturas de la época, dirigidas hacia la primacía del yo, Lacan recurre a la lingüística y al pensamiento Hegeliano.
El segundo período, demarcado hasta 1970 señala sus innovaciones conceptuales dentro de un marco estructuralista, que sustentará la posibilidad de plantear la interrogación de una lógica de lo Real que realizará hasta el final de su vida.
Decimos ejercicio de lectura, pues sabemos que una lectura es una acción subjetiva, que cada quien realizará desde su propio recorrido e interpretación.
Una lectura, como lo señala Moustapha Safouan,…”puede oscurecer la obra, no acertar, ver en ella incoherencias que no tiene, evaluar mal el aporte, desnaturalizarla o traicionarla. Puede por el contrario, aclararla, proveer soluciones a sus paradojas, medir su adecuación a la experiencia en que se inspira. La transmisión se hace a través de todas esas lecturas que deciden el porvenir de una obra…”
Proponemos, para la realización de este acercamiento, un recorrido de aquellos textos que son, de algún modo, señeros en el planteamiento de cada época.
En primera instancia, para introducirnos, proponemos la lectura del libro Mi enseñanza, donde se exponen diversos fragmentos que corresponden a conferencias de J. Lacan, pronunciadas en 1967 y 1968, como idea directriz tomamos la enunciación “En efecto, mi enseñanza es simplemente el lenguaje, absolutamente ninguna otra cosa…”
Para la primera época proponemos la lectura del escrito inaugural de su enseñanza llamado El discurso de Roma, versionado en los escritos como, Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis, de 1953, que considera la cuestión del sujeto en sus relaciones con el significante, desde la óptica de la lingüística estructural.
Siguiendo con el eje planteado, El inconciente estructurado como un lenguaje, pero articulado ya, con la formalización del objeto a realizado en el Seminario 10 y, reseñando la segunda enseñanza, proponemos, para introducirnos en la tercera enseñanza, la lectura de La Tercera, conferencia dictada en Roma en 1975, en donde Lacan ubica el porvenir del psicoanálisis articulando lo Real, en donde el planteo del nudo Borromeo deja su impronta sustancial.

Nos encontramos el sábado 24 de octubre, a las 14 hs. en la sala silenciosa de la Medioteca Municipal.
Los esperamos,
Mónica Conci y Néstor Ribotta.

jueves, 10 de septiembre de 2009

CAFÉ TEMÁTICO DE LOS VIERNES

Es interesante comprobar como casi sin promoción, más que la mínima acción comunicativa, pero una acción movida por la inquietud del deseo, puso en marcha esta humilde experiencia.
De a poco empezó a repercutir de diversos modos, los participantes opinan, le ponen el cuerpo a sus ideas, también por mail y todas las variables del espacio virtual, ofrecen sus opiniones, sus textos, sus búsquedas bibliográficas, etc.
En ese foro en el que se aspira a una charla, que trascienda el sentido común, ese sentido tan lleno de certeza, ese sentido con todos los eufemismos, que los mercaderes usan para hacer su verano cada vez que tienen que justificar la imposición de algún producto que daña y ofende la inteligencia, desde un programa de televisión, libros o cualquier tipo de experiencia que responda solo a lógica mercantil y que se argumenta con las variantes del para todos del sentido común, siempre nivelando para abajo, o la mas obscena certeza, aquella que dice, la gente lo pide, la gente consume eso; la gente, ¿que será eso de la gente?
Contra esa idea se concibió ese espacio, simplemente un café, donde alguna gente, no toda, claro, siempre es no-toda, por eso apostamos a esos espacios, pequeños, discretos, pero donde se tenga en cuenta de un modo horizontal, las ideas y las lecturas de cualquiera que participe allí movido por su curiosidad, o por los motivos que sea que decide estar. Que cada quién que considere que tiene algo que decir, o algo que escuchar, lo manifieste, y lo comparta, sin sanción desde ningún lugar de saber autorizado, minando de alguna forma el discurso del Amo.
Tenemos la certidumbre que en la ciudad y la región, existen múltiples expresiones culturales, manifestaciones artísticas, políticas, literarias, científicas, académicas, marginales, etc, que enriquecen cualquier charla de café, y que podrían incidir en cada uno de los participantes de las maneras más diversas. Es solo eso el espíritu del Café Temático los Viernes, hacer de la experiencia del café, de la charla de café, un momento agradable, con alguna discusión, alguna charla interesante, que por ahí, quién sabe, nos haga sentir, un poquito menos solos, en un mundo tan agitado por la inmediatez, y el consumo.






martes, 11 de agosto de 2009

CAFE TEMÁTICO DE LOS VIERNES



Percepciones del presente


literatura-cine-música-teatro-artes-visuales-filosofía-psicoanálisis-tecnologías-políticas-ciencias

organiza
grupo cuatro


reflexión sobre el tema

POR DÓNDE PASA LA RESISTENCIA CULTURAL EN LA LÓGICA DEL MERCADO

viernes 14 de agosto, en VILARÓ café, Alem y Santa Fe, a las 20 hs.



El café temático de los viernes es un espacio de reflexión convocado a través de un tema de interés, el cual, será renovado en cada encuentro, en donde se desarrollará un análisis conjunto desde distintos ámbitos y perspectivas.
No es necesario para participar ninguna condición especial, sólo el deseo de saber sobre el tema convocante, se hablará un lenguaje totalmente comprensible y en el debate participará quien lo solicite.
La reunión será cada quince días con una duración aproximada de dos horas.
El acceso es completamente gratuito y en el lugar se podrán realizar consumiciones a costo personal. No nos manejaremos con reservas previas, pero recomendamos llegar con puntualidad.
Para comenzar proponemos el tema “Por dónde pasa la resistencia cultural en la lógica del mercado”, ya que pensamos nos permitirá hacer la presentación del espacio y desarrollar en conjunto la bases funcionales.
Contamos con una lista de temas que, si bien no son ni definitivos ni obligatorios, ya que en cada encuentro puede surgir el debate próximo, ayudan a sumar ideas.
Proponemos:
- Las cuestiones del trabajo y el ocio en la postmodernidad
- El amor en la sociedad de consumo
- Las emociones y la razón, la imposibilidad de la comunicación y lo subjetivo
- El poder de la palabra
- Ironía, cinismo, sarcasmo, expresiones del deseo impedido
- Lenguajes del presente y el porvenir ( hipertexto, blogger, faceboock, Chat, Messenger, medios virtuales, comunidades virtuales)
- Tatuaje, un lenguaje en el cuerpo
- Poesía del rock en Villa María

Los esperamos.

ALEJANDRO SCHMIDT, MONICA CONCI, VICTOR ALVES, NÉSTOR RIBOTTA