Lo gravísimo de nuestra época grave es que todavía no pensamos
Martín Heidegger
Tal vez la opacidad sea la característica distintiva de esta actualidad que atraviesa nuestra experiencia. Opacidad que echa por la borda el viejo ideal ilustrado desde el cual se creía en un paralelismo entre orden político y progreso social. Hoy las grandes verdades desde las cuales la modernidad construyó su edificio parecen desbordadas, desfondadas; sólo quedan restos, escombros de aquel proyecto.
En el viejo ideal ilustrado que se teje en la modernidad, el sujeto es pensado como aquél capaz de romper las cadenas que, según Kant, lo atan a una “persistente minoría de edad” en el orden del pensamiento, producto de la comodidad y la cobardía, pues dar ese “salto” que implica asumir la mayoría de edad significa nada mas y nada menos que “atreverse a pensar por uno mismo”.
Esta imagen es la que desde nuestra mas temprana socialización nos ha sido dada como el ideal a conseguir. En tal sentido, la escuela –a pesar de sus espurios orígenes1- tal vez sea el espacio público desde el cual se levantó este ideal como bandera, enunciando grandes aspiraciones como la formación de ciudadanos críticos, participativos, creativos y con espíritu democrático.
Este ideal impregnó fuertemente el discurso pedagógico desde los `90 mientras, por otro lado, asistíamos al vaciamiento de su sentido y al desguace del sistema escolar2. Dobles discursos que se corresponden con las múltiples morales que nos habitan y a las cuales adscribimos.
En este cruce, la educación resulta una paradoja: por un lado se espera de ella la “cura” a todos los males sociales y, por el otro, se la abandona a su suerte, considerándola casi como una antigualla, un objeto vetusto e inservible.
Para algunos pensadores contemporáneos este tiempo se define posmoderno. Ahora bien, ¿qué es eso de la posmodernidad? Mucho se dice de ella y pocas veces con el debido rigor.
El término posmodernidad, creado en el ámbito de la arquitectura, es tomado por el filósofo francés Jean Françoise Lyotard, quien en la década del 60 comienza a reflexionar sobre la conformación de una nueva conciencia de época, caracterizada por una exacerbación de la idea de individuo, la caída de los grandes relatos que rigieron la modernidad: la historia como telón de fondo, el Estado y la política como elementos capaces de asignar un orden, la moral y la religión como factores estructurantes de un único ideal a seguir, entre otros.
Ahora bien, la posmodernidad se puede definir –según Lyotard- como la “conciencia melancólica” 3 de que las promesas de la modernidad (de progreso indefinido, orden social, racionalidad absoluta y moral universal) no se han cumplido.
Por otra parte, la posmodernidad no constituye una época histórica en el sentido historiográfico del término pues surge en la edad contemporánea como “conciencia de época” y abre un debate en el campo de la filosofía; quienes la niegan, en el sentido de que consideran que el proyecto moderno aún no ha concluido discuten con quienes sostienen que estamos viviendo una nueva conciencia epocal. En tal sentido, cabe recordar el debate entre el filósofo alemán Jürgen Habermas y Lyotard.
Desde nuestra perspectiva, la posmodernidad constituye una ruptura con la modernidad en tanto que a partir de ella podemos encontrar una nueva episteme, en el sentido en que Michel Foucault la define: como las condiciones de posibilidad históricas en que se configuran las verdades de una determinada época. Por lo tanto, podemos hablar de una nueva subjetividad centrada en la noción de individuo, de unos valores que rompen con la noción de un proyecto común y de prácticas sociales que no se definen ya por su “esencia” sino por el juego de poder en que se sitúan para poder construir verdad.
Mucho se habla hoy de “crisis de valores” o de falta de ellos. Padres y docentes nos “desgarramos las vestiduras” confrontando nuestra experiencia del pasado con las configuraciones identitarias que asumen las nuevas generaciones. Hay programas de educación en valores en diversos ámbitos: escuelas, iglesias y hasta en diferentes medios masivos de comunicación. Las escuelas enuncian vocingleras su ideal de formar ciudadanos democráticos y librepensadores. Lo cierto es que nada parece mellar las conciencias de adolescentes y jóvenes “posmodernos”; muy por el contrario, el choque generacional resulta un abismo y termina clausurándose toda posibilidad de verdadera comunicación. Habría que preguntarse, en todo caso, a quiénes pone en crisis la tan mentada “crisis de valores”. Es que tal vez esta no sea más que una muestra de lo que se construye en otros dominios del campo social donde la opacidad está a la orden del día y donde “posmos” somos todos.
1.Cabe recordar que la escuela es un invento de la modernidad. Creada al servicio del desarrollo industrial dada la necesidad de disciplinar a los futuros operarios del sistema de producción capitalista en pleno proceso de expansión.
2.Sería injusto no recordar que en nuestro país este proceso se inició a fines de los `60 y se configuró plenamente durante los años de la última dictadura militar, con aportes de pedagogos como el franquista y archicatólico Víctor García Hoz, entre otros, quienes pregonaban la idea de una “Educación Personalizada”, que pudiese “formar integralmente a la persona humana”. Cfr. Kaufmann, Carolina y Doval, Delfina, Una pedagogía de la renuncia. El perennialismo pedagógico en Argentina (1976-1983), Paraná, UNER, 1997.
3.Cabe recordar que un siglo atrás Nietzsche se anticipaba al preguntarse: “¿Quién ha tomado la esponja que nos ha borrado el horizonte?”
(*) Artículo publicado en http://www.goyaopina.com.ar
Datos del Autor
Daniel Lesteime
Licenciado en Filosofía - Profesor en Filosofía y Pedagogía y en Ciencias Sociales - Especialización y Maestría en Metodología de la Investigación - Doctorado en Filosofía - Catedrático del Instituto Superior Goya y de la UCP - Investigador de la UNLa.
miércoles, 13 de mayo de 2009
viernes, 1 de mayo de 2009
jueves, 30 de abril de 2009
martes, 7 de abril de 2009
Te Da Algo-con Hipecactividad; Te DA nada -sin hiperactividad
El Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad –TDAH-Circo, maroma y teatro con la atención y la tensión ante el niño
El Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad –TDAH-Circo, maroma y teatro con la atención y la tensión ante el niñoUn fantasma recorre nuestra sociedad, ese monstruo de mil cabezas gusta hacerse presente, dicen, en las escuelas, de manera particular, en las primarias. Un fantasma provoca miedo y produce efectos en la subjetividad. Ese monstruo está en los primeros lugares de la atención, él pre-ocupa a los maestros, a los padres, a los psicólogos; dicen que él descarga sus efectos sobre las niñas y niños, a eso se le añade que la industria farmacéutica ha logrado hacer de ese síntoma un gran consumo y convoca a su favor al poder psiquiátrico, médico y el Estado. Los niños están inquietos y, entonces, como ya los padres y madres no saben qué hacer ante la inquietud que les provoca el niño inquieto buscan calmarlos, buscan quienes los calmen y sobretodo “buscan” o “encuentran” una pastilla que promete la calma. Allí, en ese punto de intranquilidad aparece la formación, como se dice ejército en formación, de los profesionales psi: psiquíatras, psicólogos, psicopedagogos y hasta algunos trasnochados psicoanalistas. Los profesionales psi…juegan a jugar el juego de ser los expertos, ellos ofrecen un servicio de reparación del daño colateral que el actual sistema provoca entre sus miembros. Las tensiones, inhibiciones, angustias y síntomas que el lazo social posmoderno instala y que como señaló Octavio Paz, “estamos a condenados a vivir”. Basta con que se detecte algún indicio de “traumatismo” –vivimos una hiperinflación del trauma que es traumática-, basta una señal para que las formaciones psi…den su voz autorizada y lancen su grito de batalla:”Nada de sufrimiento…Está prohibido sufrir… Nada de tristezas, la vida sigue…Nada de angustia…Suprimamos cualquier inhibición…Lo importante es ser funcional” . También suelen levantar su voz en "defensa" del niño, sin darse cuenta que en ese momento inhabilitan a los niñas y a los niños como sujetos que tienen herramientas para hacer frente a esa amenaza que amenza, así lo recordaba Freud cuando escribió el caso Juanito. Para que condenar a los niños como si ellos no pudiesen defenderse.En el caso del Trastorno por Déficit de Atención (TDA con o sin Hiperactividad), la consigna del poder bio-psico-estatal es: “El único niño bueno es el niño quieto, bien quieto, totalmente quieto” (llegarán a decir “absolutamente quieto”). Usted recordará que esta consigna es muy cercana a la empleada durante la conquista española de nuestro país: “El único indio bueno es el indio…callado”[1].¿Qué es el TDA?Un informe de un psi…lo describe así: “No presta atención. Incurre en errores. No mantiene la atención ni en actividades lúdicas. Parece no escuchar. No cumple las instrucciones. No finaliza las tareas. No se sabe organizar. Está permanentemente distraído. No aprende.” Es decir, estamos ante un niño que presta atención a otra cosa, no le presta atención, p.e., a la maestra, o no le presta atención a los aburridos temas con los que se pretende atiborrarlo de “conocimientos”. Poner atención a una cosa y no prestársela a otra ¿Es una enfermedad? ¿Es un síntoma? ¿Estaremos ante un desorden neurológico? Tener errores, no querer hacer una actividad aburrida, poco o nada lúdica ¿Es un déficit? Preguntamos a qué se debe que ese supuesto déficit se reparte de manera singular, él sigue todavía la línea de la “diferencia” de los sexos: los que son llamados “niños” engrosan en gran número las estadísticas del TDA, mientras que las llamadas “niñas” lo son poco o no son deficitarias o tienen con qué entretenerse o están en la luna de Valencia con mayor disimulo y nadie las molesta y tampoco nadie…las pela.Una niña/o inquita/o solicitan que alguien los pele, los tome en cuenta, y también puede ocurrir que solicitan que ya no se ocupen tanto de ellos, que los dejen tranquilos pues ellos tiene cosas que hacer. ¿Quién dice que sólo los padres “deben” poner atención a las niñas y niños? ¿Para qué se difunde, con la colaboración algunos psicoanalistas, que los padres están “obligados” a velar por sus hijos? Acaso la paternidad es obligatoria ¿Y el deseo?La erótica de la niña y del niño: ¿atención, tensión , falta de atención,...?Los padres y las madres alarmados dicen, vociferan, gritan: “No sé qué tiene pero me enloquece”, subrayamos el carácter reflexivo de la frase: son las madres y los padres quienes están “enloquecidos”. Los maestros batallan con un número elevado de alumnos (hasta 60 por salón), basta con la inquietud de uno para que se propague; esa es, al menos, la fantasía que arma la realidad del maestro ante la inquietud y esa fantasía le regresa como realidad en el salón de clases ¿Será que toda inquietud es un “déficit”? Y ¿Si la inquietud señalará el déficit provocado por una demanda obscena de someterse a una quietud sepulcral?Delante del TDA las instituciones educativas y de salud generan normas, declaran que van a llegar al fondo del asunto ¿Por qué el fondo y no la superficie? ¿Para qué se van hasta el fondo si la pregunta está delante nuestro? Mientras reparten normas, criterios normativos, imponen tratamientos le pasan la bolita a quien está más abajo, es decir, el niño sería la “víctima” de una “enfermedad” de origen desconocido[2]: la inquietud que lo habita y la inquietud y atención que así logra provoca la epidemia de inquietud. La “enfermedad”, su diagnóstico, los priva y nos priva de encarar la pregunta de la inquietud de los niños de manera compartida y encontrar junto con otros y con los "afectados" una respuesta ¿A qué se debe que los padres aceptan cualquier tratamiento? ¿Será que no saben? Acaso ¿el saber de la abuelita ha perdido su eficacia para estas inquietudes y para estos padres? Los maestros atrapados entre la espada de la institución y el muro de la inquietud rinden su experiencia y se entregan a las maniobras de un nuevo amo: la ciencia y la industria farmacológica: “Una pastilla y, quizás -eso prometen- ya no me molestarán”.Usted notará las ocurrencias reflexivas: “Me enloquece; me molesta; me inquieta”, ocurrencias de las madres –ellas dicen que “lidian todo el día” con su/s toro/s infantil/es, subrayemos el carácter erótico de la lidia, esas ocurrencias aparecen en boca de las maestras y los maestros, de las psicopedagogas, de los psicólogos, de los psicoanalistas trasnochados[3] . Sólo que los psi…rellenan los vacíos, el vacío de los niños, de los adolescentes y adultos con “explicaciones” sobre el “desarrollo psíquico”,” la ausencia de los padres”, así entre explicación sesuda y explicación sesuda se introducen las píldoras de “Ritalin”, de “Concerta” (¡¡!!) y la última generación “Strattera”.El goce de la desgracia: negocios de algunos ¿sufrimiento de otros?Lo singular es que cada uno de esos medicamentos recien nombrados curan enfermando más: los mismos laboratorios anuncian que ellos pueden aumentar, por ejemplo, “las ideas suicidas”. Los jóvenes ejecutores de la masacre de Columbine, EEUU, según algunos estudios, estaban medicados con “Ritalin” desde niños; esa masacre muestra el nivel de su inquietud, a la masacre le brindaron atención pues la planificaron con más de un año de antelación[4].El (¿) goce (?) de los fármacos es el objetivo de los laboratorios,¿sólo de ellos?, ellos gozan de las ventas de cada fármaco, cuanto más ventas más plusvalía obtienen, sobre eso nada tenemos que decir, cada quien goza de lo que tiene a su alcance, en el terreno del plus de gozar no hay prescripción válida, este sería un caso del goce de la desgracia ajena. Unos gozan de lo que a otros no les produce goce alguno, bueno al menos eso es lo que se dice. Convertir preguntas en problemas y contingencias comunes de la vida, como la posible falta de atención, el envejecimiento, la timidez, la menopausia, la tristeza o la soledad en “enfermedades” o “síntomas” que pueden tratarse con fármacos es la táctica y la estrategia del goce de la industria farmacéutica, esa industria es funcional con el sistema donde operan, no puede ser de otra manera pues esos “padecimientos” son síntomas del malestar de la cultura posmoderna.Además, dolencias leves son trasformadas en graves –véase la mitología del “fumador pasivo”, se inflan las estadísticas de prevalencia (número de casos), y se las convierte en un factor de riesgo – si se hace gimnasia, "te enfermas" y sino la haces también "te enfermas", en ambos casos, el laboratorio dice: “Te ofrecemos medicamentos”. Y todo ello, a menudo, de forma combinada, con el apoyo de médicos, líderes de opinión y la utilización de los medios de comunicación, en campañas dirigidas a los consumidores y luego a los médicos. La TV está plena de propaganda médica, incluida una que dice: “No se automedique, tenemos para ello un medicamento”.El “Ritalin”, el “Concerta” y el “Strattera” como cualquier medicamento- comenzando por la popular aspirina- es dañino para la salud, es decir, “curan” a condición de provocar un daño biológico: la aspirina “elimina” el dolor de cabeza al tiempo que provoca “pequeñas” (sic, resic) hemorragias en el tracto digestivo. La droga activa del “Ritalin” medicamento para el TDA es el metilfenidato, un químico de acción similar a las anfetaminas, su potencia “adictiva” lo colocó en el listado de “drogas” de “alta vigilancia” [¡¡hummmm!!¿quién se lo cree?] controladas por la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) de la ONU. La coca sólo se convirtió en perjudicial para la salud cuando la ciencia la transformó en cocaína al aislar sus componentes químicos y permitió su producción industrial[5].El componente químico del“Ritalin” no es una droga como las empleadas por los llamados drogadictos, sino que estamos ante un componente químico desplegado por la ciencia que afecta al organismo y produce ganancias a sus fabricantes y parece que así se calman los padres, los maestros, las autoridades de educación y de salubridad. ¿Y los niños? Vaya a saber usted, no conviene de entrada colocarlos como víctimas pues ellos son miembros de un lazo social donde las formas de la paternidad tienden a sostenerse, para bien o para mal o para las dos cosas, en la “autoridad” fría y despersonalizada de la ciencia objetiva y sus productos. El “Ritalin” provoca una drogadicción de orden médico o prepara el terreno para el consumo obligado de otras drogas debido a su carácter adictivo, empleo permanente y permanencia en nuestro organismo. La droga del laboratorio afecta al cuerpo, la droga del drogadicto da lugar a estados y fantasías articuladas con cierta idea de regresar a un estado previo o alejarse de un malestar que una situación actual provoca. En los llamados drogadictos, a veces, cuando recurren ellos a un psicoanalista, hay pistas, indicios y señales de un sujeto, que quizás encuentre su realización; con el medicamento y su adicción eso no es factible.En esta tertulia nos proponemos abordar este tema que circula en la ciudad mediante un sesgo modesto para localizar sus alcances y desplegar sus consecuencias. Ese sesgo está dado por un conjunto de preguntas: ¿A qué se debe la presencia actual de esos síntomas como el TDA?; ¿Por qué esos niños causan y convocan la atención de los otros, otros que sólo atinan a calmarlos con un medicamento? Un llamado ¿Por qué y para qué recibe como respuesta una pastilla? Acaso el interrogante es ¿la medicalización de la vida subjetiva o se trata de otra cosa? En estos tiempos donde la sociedad parece sacudida por una epidemia de prácticas pedofílicas –en los hogares, en las iglesias, en los conventos, en los monasterios, en las escuelas-, donde las conciencias morales convocan a defender los derechos humanos de los niños ¿A qué se debe el silencio ante estás prácticas inducidas y protagonizadas por infantes, padres, madres, maestros, autoridades sanitarias y laboratorios químicos? Estos medicamentos ¿serán acaso una “respuesta” ante los síntomas, inhibiciones y angustias de cada uno de los que son llevados a vivir bajo la etiqueta de Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad? ¿Se puede abrir algún horizonte a niños o adultos cuando se los califica de tener un “déficit” incurable? ¿Será así? ¿Esto es una cuestión de víctimas inocentes que pasivamente viven los embates de un conjunto de laboratorios y/o expertos psi…? Cuando la niña o el niño son considerados “víctimas" no hay posibilidad de ubicarlos como sujetos, y por lo tanto, nos preguntamos ¿A qué se debe, en particular que numerosas filiales de la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA) avalan el tratamiento medicamentoso de un “síntoma" creado por la industria farmacéutica? Quizás y sólo quizás, sea viable abordar estos interrogantes de la polis, de la vida en nuestra ciudad, sin colocar la práctica del psicoanálisis y su doctrina al servicio de “reparar” el daño colateral que genera un sistema social para quienes vivimos en él y cuyas consecuencias nos toca abordar sin descargarla en forma necesaria sobre alguna figura del amo (Dios, el Padre, la Ciencia, el biopoder,...)Con estas y otras preguntas organizaremos una tertulia temática para recorrer: El circo, maroma y teatro del llamado Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad
Alberto Sladogna Psicoanalista
[1] Una variante de esa frase dice: ”Calladita/o te ves más bonita/o”
[2] Una consulta a la página del Laboratorio Eli Lilly, filial México, fabricante de Strattera, permite leer la siguiente constatación: no se sabe cuál es la causa de esa “síntoma”, sin embargo eso no les impide recetarlo para el transcurso de la infancia y adolescencia; luego añaden al pie de la letra: “Luego de la adolescencia el padecimiento se cura solo”[sic, resic y recontrasic]
[3] Francisco Palacio Espasa, jefe del Servicio de Psiquiatría del Niño y del Adolescente de Ginebra, psicoanalista y catedrático de Psiquiatría del Niño y del Adolescente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Ginebra (Suiza), afirma la existencia de la “depresión” en infantes de 5 meses en adelante: él dice “depresión”, ese término convoca a los “antidepresivos”. En un reciente congreso de la Asociación Psicoanalítica Mexicana (APM) se dedicaron varias mesas a los avances “neurológicos” –léase fármacos- para el “tratamiento” del TDA, por eso los laboratorios patrocinan esos eventos, los laboratorios no dan pisada sin guarache.
[4] Ver el filme documental y documentado de Michel Moore: Masacre en Columbine, se lo localiza en los diversos videos de nuestro país.
[5] Sigmund Freud, Sobre la cocaína, [julio, 1884]; Contribución al conocimiento de los efectos de la cocaína, [enero, 1885]; Anhelo y temor de la cocaína [julio, 1887]; ver también, Robert Byck, Escritos sobre la cocaína, Anagrama, Barcelona, 1980. El refresco de cola, la chispa de la vida contenía durante sus primeros largos años “cocaína” en su fórmula química; luego el monopolio farmacéutico “condenó” la cocaína como droga y se la apropió para “usos medicinales” [¡¡¡hummmmm!!!].
El Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad –TDAH-Circo, maroma y teatro con la atención y la tensión ante el niñoUn fantasma recorre nuestra sociedad, ese monstruo de mil cabezas gusta hacerse presente, dicen, en las escuelas, de manera particular, en las primarias. Un fantasma provoca miedo y produce efectos en la subjetividad. Ese monstruo está en los primeros lugares de la atención, él pre-ocupa a los maestros, a los padres, a los psicólogos; dicen que él descarga sus efectos sobre las niñas y niños, a eso se le añade que la industria farmacéutica ha logrado hacer de ese síntoma un gran consumo y convoca a su favor al poder psiquiátrico, médico y el Estado. Los niños están inquietos y, entonces, como ya los padres y madres no saben qué hacer ante la inquietud que les provoca el niño inquieto buscan calmarlos, buscan quienes los calmen y sobretodo “buscan” o “encuentran” una pastilla que promete la calma. Allí, en ese punto de intranquilidad aparece la formación, como se dice ejército en formación, de los profesionales psi: psiquíatras, psicólogos, psicopedagogos y hasta algunos trasnochados psicoanalistas. Los profesionales psi…juegan a jugar el juego de ser los expertos, ellos ofrecen un servicio de reparación del daño colateral que el actual sistema provoca entre sus miembros. Las tensiones, inhibiciones, angustias y síntomas que el lazo social posmoderno instala y que como señaló Octavio Paz, “estamos a condenados a vivir”. Basta con que se detecte algún indicio de “traumatismo” –vivimos una hiperinflación del trauma que es traumática-, basta una señal para que las formaciones psi…den su voz autorizada y lancen su grito de batalla:”Nada de sufrimiento…Está prohibido sufrir… Nada de tristezas, la vida sigue…Nada de angustia…Suprimamos cualquier inhibición…Lo importante es ser funcional” . También suelen levantar su voz en "defensa" del niño, sin darse cuenta que en ese momento inhabilitan a los niñas y a los niños como sujetos que tienen herramientas para hacer frente a esa amenaza que amenza, así lo recordaba Freud cuando escribió el caso Juanito. Para que condenar a los niños como si ellos no pudiesen defenderse.En el caso del Trastorno por Déficit de Atención (TDA con o sin Hiperactividad), la consigna del poder bio-psico-estatal es: “El único niño bueno es el niño quieto, bien quieto, totalmente quieto” (llegarán a decir “absolutamente quieto”). Usted recordará que esta consigna es muy cercana a la empleada durante la conquista española de nuestro país: “El único indio bueno es el indio…callado”[1].¿Qué es el TDA?Un informe de un psi…lo describe así: “No presta atención. Incurre en errores. No mantiene la atención ni en actividades lúdicas. Parece no escuchar. No cumple las instrucciones. No finaliza las tareas. No se sabe organizar. Está permanentemente distraído. No aprende.” Es decir, estamos ante un niño que presta atención a otra cosa, no le presta atención, p.e., a la maestra, o no le presta atención a los aburridos temas con los que se pretende atiborrarlo de “conocimientos”. Poner atención a una cosa y no prestársela a otra ¿Es una enfermedad? ¿Es un síntoma? ¿Estaremos ante un desorden neurológico? Tener errores, no querer hacer una actividad aburrida, poco o nada lúdica ¿Es un déficit? Preguntamos a qué se debe que ese supuesto déficit se reparte de manera singular, él sigue todavía la línea de la “diferencia” de los sexos: los que son llamados “niños” engrosan en gran número las estadísticas del TDA, mientras que las llamadas “niñas” lo son poco o no son deficitarias o tienen con qué entretenerse o están en la luna de Valencia con mayor disimulo y nadie las molesta y tampoco nadie…las pela.Una niña/o inquita/o solicitan que alguien los pele, los tome en cuenta, y también puede ocurrir que solicitan que ya no se ocupen tanto de ellos, que los dejen tranquilos pues ellos tiene cosas que hacer. ¿Quién dice que sólo los padres “deben” poner atención a las niñas y niños? ¿Para qué se difunde, con la colaboración algunos psicoanalistas, que los padres están “obligados” a velar por sus hijos? Acaso la paternidad es obligatoria ¿Y el deseo?La erótica de la niña y del niño: ¿atención, tensión , falta de atención,...?Los padres y las madres alarmados dicen, vociferan, gritan: “No sé qué tiene pero me enloquece”, subrayamos el carácter reflexivo de la frase: son las madres y los padres quienes están “enloquecidos”. Los maestros batallan con un número elevado de alumnos (hasta 60 por salón), basta con la inquietud de uno para que se propague; esa es, al menos, la fantasía que arma la realidad del maestro ante la inquietud y esa fantasía le regresa como realidad en el salón de clases ¿Será que toda inquietud es un “déficit”? Y ¿Si la inquietud señalará el déficit provocado por una demanda obscena de someterse a una quietud sepulcral?Delante del TDA las instituciones educativas y de salud generan normas, declaran que van a llegar al fondo del asunto ¿Por qué el fondo y no la superficie? ¿Para qué se van hasta el fondo si la pregunta está delante nuestro? Mientras reparten normas, criterios normativos, imponen tratamientos le pasan la bolita a quien está más abajo, es decir, el niño sería la “víctima” de una “enfermedad” de origen desconocido[2]: la inquietud que lo habita y la inquietud y atención que así logra provoca la epidemia de inquietud. La “enfermedad”, su diagnóstico, los priva y nos priva de encarar la pregunta de la inquietud de los niños de manera compartida y encontrar junto con otros y con los "afectados" una respuesta ¿A qué se debe que los padres aceptan cualquier tratamiento? ¿Será que no saben? Acaso ¿el saber de la abuelita ha perdido su eficacia para estas inquietudes y para estos padres? Los maestros atrapados entre la espada de la institución y el muro de la inquietud rinden su experiencia y se entregan a las maniobras de un nuevo amo: la ciencia y la industria farmacológica: “Una pastilla y, quizás -eso prometen- ya no me molestarán”.Usted notará las ocurrencias reflexivas: “Me enloquece; me molesta; me inquieta”, ocurrencias de las madres –ellas dicen que “lidian todo el día” con su/s toro/s infantil/es, subrayemos el carácter erótico de la lidia, esas ocurrencias aparecen en boca de las maestras y los maestros, de las psicopedagogas, de los psicólogos, de los psicoanalistas trasnochados[3] . Sólo que los psi…rellenan los vacíos, el vacío de los niños, de los adolescentes y adultos con “explicaciones” sobre el “desarrollo psíquico”,” la ausencia de los padres”, así entre explicación sesuda y explicación sesuda se introducen las píldoras de “Ritalin”, de “Concerta” (¡¡!!) y la última generación “Strattera”.El goce de la desgracia: negocios de algunos ¿sufrimiento de otros?Lo singular es que cada uno de esos medicamentos recien nombrados curan enfermando más: los mismos laboratorios anuncian que ellos pueden aumentar, por ejemplo, “las ideas suicidas”. Los jóvenes ejecutores de la masacre de Columbine, EEUU, según algunos estudios, estaban medicados con “Ritalin” desde niños; esa masacre muestra el nivel de su inquietud, a la masacre le brindaron atención pues la planificaron con más de un año de antelación[4].El (¿) goce (?) de los fármacos es el objetivo de los laboratorios,¿sólo de ellos?, ellos gozan de las ventas de cada fármaco, cuanto más ventas más plusvalía obtienen, sobre eso nada tenemos que decir, cada quien goza de lo que tiene a su alcance, en el terreno del plus de gozar no hay prescripción válida, este sería un caso del goce de la desgracia ajena. Unos gozan de lo que a otros no les produce goce alguno, bueno al menos eso es lo que se dice. Convertir preguntas en problemas y contingencias comunes de la vida, como la posible falta de atención, el envejecimiento, la timidez, la menopausia, la tristeza o la soledad en “enfermedades” o “síntomas” que pueden tratarse con fármacos es la táctica y la estrategia del goce de la industria farmacéutica, esa industria es funcional con el sistema donde operan, no puede ser de otra manera pues esos “padecimientos” son síntomas del malestar de la cultura posmoderna.Además, dolencias leves son trasformadas en graves –véase la mitología del “fumador pasivo”, se inflan las estadísticas de prevalencia (número de casos), y se las convierte en un factor de riesgo – si se hace gimnasia, "te enfermas" y sino la haces también "te enfermas", en ambos casos, el laboratorio dice: “Te ofrecemos medicamentos”. Y todo ello, a menudo, de forma combinada, con el apoyo de médicos, líderes de opinión y la utilización de los medios de comunicación, en campañas dirigidas a los consumidores y luego a los médicos. La TV está plena de propaganda médica, incluida una que dice: “No se automedique, tenemos para ello un medicamento”.El “Ritalin”, el “Concerta” y el “Strattera” como cualquier medicamento- comenzando por la popular aspirina- es dañino para la salud, es decir, “curan” a condición de provocar un daño biológico: la aspirina “elimina” el dolor de cabeza al tiempo que provoca “pequeñas” (sic, resic) hemorragias en el tracto digestivo. La droga activa del “Ritalin” medicamento para el TDA es el metilfenidato, un químico de acción similar a las anfetaminas, su potencia “adictiva” lo colocó en el listado de “drogas” de “alta vigilancia” [¡¡hummmm!!¿quién se lo cree?] controladas por la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) de la ONU. La coca sólo se convirtió en perjudicial para la salud cuando la ciencia la transformó en cocaína al aislar sus componentes químicos y permitió su producción industrial[5].El componente químico del“Ritalin” no es una droga como las empleadas por los llamados drogadictos, sino que estamos ante un componente químico desplegado por la ciencia que afecta al organismo y produce ganancias a sus fabricantes y parece que así se calman los padres, los maestros, las autoridades de educación y de salubridad. ¿Y los niños? Vaya a saber usted, no conviene de entrada colocarlos como víctimas pues ellos son miembros de un lazo social donde las formas de la paternidad tienden a sostenerse, para bien o para mal o para las dos cosas, en la “autoridad” fría y despersonalizada de la ciencia objetiva y sus productos. El “Ritalin” provoca una drogadicción de orden médico o prepara el terreno para el consumo obligado de otras drogas debido a su carácter adictivo, empleo permanente y permanencia en nuestro organismo. La droga del laboratorio afecta al cuerpo, la droga del drogadicto da lugar a estados y fantasías articuladas con cierta idea de regresar a un estado previo o alejarse de un malestar que una situación actual provoca. En los llamados drogadictos, a veces, cuando recurren ellos a un psicoanalista, hay pistas, indicios y señales de un sujeto, que quizás encuentre su realización; con el medicamento y su adicción eso no es factible.En esta tertulia nos proponemos abordar este tema que circula en la ciudad mediante un sesgo modesto para localizar sus alcances y desplegar sus consecuencias. Ese sesgo está dado por un conjunto de preguntas: ¿A qué se debe la presencia actual de esos síntomas como el TDA?; ¿Por qué esos niños causan y convocan la atención de los otros, otros que sólo atinan a calmarlos con un medicamento? Un llamado ¿Por qué y para qué recibe como respuesta una pastilla? Acaso el interrogante es ¿la medicalización de la vida subjetiva o se trata de otra cosa? En estos tiempos donde la sociedad parece sacudida por una epidemia de prácticas pedofílicas –en los hogares, en las iglesias, en los conventos, en los monasterios, en las escuelas-, donde las conciencias morales convocan a defender los derechos humanos de los niños ¿A qué se debe el silencio ante estás prácticas inducidas y protagonizadas por infantes, padres, madres, maestros, autoridades sanitarias y laboratorios químicos? Estos medicamentos ¿serán acaso una “respuesta” ante los síntomas, inhibiciones y angustias de cada uno de los que son llevados a vivir bajo la etiqueta de Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad? ¿Se puede abrir algún horizonte a niños o adultos cuando se los califica de tener un “déficit” incurable? ¿Será así? ¿Esto es una cuestión de víctimas inocentes que pasivamente viven los embates de un conjunto de laboratorios y/o expertos psi…? Cuando la niña o el niño son considerados “víctimas" no hay posibilidad de ubicarlos como sujetos, y por lo tanto, nos preguntamos ¿A qué se debe, en particular que numerosas filiales de la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA) avalan el tratamiento medicamentoso de un “síntoma" creado por la industria farmacéutica? Quizás y sólo quizás, sea viable abordar estos interrogantes de la polis, de la vida en nuestra ciudad, sin colocar la práctica del psicoanálisis y su doctrina al servicio de “reparar” el daño colateral que genera un sistema social para quienes vivimos en él y cuyas consecuencias nos toca abordar sin descargarla en forma necesaria sobre alguna figura del amo (Dios, el Padre, la Ciencia, el biopoder,...)Con estas y otras preguntas organizaremos una tertulia temática para recorrer: El circo, maroma y teatro del llamado Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad
Alberto Sladogna Psicoanalista
[1] Una variante de esa frase dice: ”Calladita/o te ves más bonita/o”
[2] Una consulta a la página del Laboratorio Eli Lilly, filial México, fabricante de Strattera, permite leer la siguiente constatación: no se sabe cuál es la causa de esa “síntoma”, sin embargo eso no les impide recetarlo para el transcurso de la infancia y adolescencia; luego añaden al pie de la letra: “Luego de la adolescencia el padecimiento se cura solo”[sic, resic y recontrasic]
[3] Francisco Palacio Espasa, jefe del Servicio de Psiquiatría del Niño y del Adolescente de Ginebra, psicoanalista y catedrático de Psiquiatría del Niño y del Adolescente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Ginebra (Suiza), afirma la existencia de la “depresión” en infantes de 5 meses en adelante: él dice “depresión”, ese término convoca a los “antidepresivos”. En un reciente congreso de la Asociación Psicoanalítica Mexicana (APM) se dedicaron varias mesas a los avances “neurológicos” –léase fármacos- para el “tratamiento” del TDA, por eso los laboratorios patrocinan esos eventos, los laboratorios no dan pisada sin guarache.
[4] Ver el filme documental y documentado de Michel Moore: Masacre en Columbine, se lo localiza en los diversos videos de nuestro país.
[5] Sigmund Freud, Sobre la cocaína, [julio, 1884]; Contribución al conocimiento de los efectos de la cocaína, [enero, 1885]; Anhelo y temor de la cocaína [julio, 1887]; ver también, Robert Byck, Escritos sobre la cocaína, Anagrama, Barcelona, 1980. El refresco de cola, la chispa de la vida contenía durante sus primeros largos años “cocaína” en su fórmula química; luego el monopolio farmacéutico “condenó” la cocaína como droga y se la apropió para “usos medicinales” [¡¡¡hummmmm!!!].
lunes, 19 de enero de 2009
viernes, 2 de enero de 2009
EL PEZ EN BICICLETA

Miguel Benasayag - Edith Charlton
(capitulo XV del libro: Crítica de la Felicidad)
L' amour... toujour l'amour. Estas líneas están escritas en Francia, tierra identificada, con razón o sin ella, con el amor, ese extraño fenómeno designado por Alain Badiou como una de las cuatro proceduras genéricas (las otras son el matema, el poema y la invención política,) (1). Después de todo, ya se sabe, del lado de la felicidad, con amor y agua fresca todo va bien(*), incluso en el país del camembert. A pesar de largas y serias investigaciones, no hemos podido descubrir aún el porqué del agua fresca.
Si es cierto que existe una figura de la totalidad totalizante, de la armonía pastoril cristalizada, ella es exactamente la que evoca el significante "amor". Cuando decimos "amor", no hemos dicho todo, lejos de ello; sin embargo, la mayoría de las veces, no queda nada por decir, excepto agua fresca, ¿por qué será?. Corriendo el riesgo de caer en una herejía más, trataremos de decir algo acerca del amor.
La condición amorosa, con todas sus imágenes cercanas a un autismo romántico, remite tanto a los hombres como a las mujeres a una subjetividad muy particular, en la que se fusionan de manera imaginaria, permanente y armónica con otro ser que los comprende (comprende todo, por supuesto), los envuelve, los protege, los estimula... Ying y Yang, Juan y María... La enfermedad amorosa nos da la ilusión de un cotidiano mágicamente transformado: me pongo las medias, María está ahí; ella se cepilla los dientes, Juan está ahí. ¡Qué bárbaro! Al amor a primera vista, mientras se trata de una metáfora, todos conseguimos más o menos superarlo, porque a lo cotidiano transformado por el amor le siguen días posteriores en que María pierde lentamente sus poderes.
Nuestra sociedad de la mercancía y del espectáculo ha hecho del amor una super-mercancía descartable. Todo tiene que ocurrir en la estupefacción del consumidor encantado, pero nuestra sociedad digiere rápido. Sabemos todos, gracias a fabulosas herramientas tales como la televisión, de qué modo enamorarse, reemplazando, por ejemplo, el agua por la Coca-Cola, cómo vivir un amor a primera vista embriagado por su perfume(**),cómo declarar su amor con un diamante ... (***). El agua fresca, prótesis indispensable para el acontecimiento amoroso, es alegremente reemplazada por otros productos menos acuosos y más caros según el antojo de nuestros publicitarios, esos gangsters de nuestra época.
Pero dejando de lado las bromas, "una mujer sin un hombre es como un pez sin bicicleta": este bellísimo slogan elaborado por las "hermanas" del movimiento feminista nos permite escribir algunas palabras más allá de toda armonía pastoral amorosa. Nosotros pensarnos que hay que atreverse a deconstruir radicalmente y sin concesiones estas visiones unidimensionales y estériles de un amor-armonía, de un encuentro perfecto que responde a no se sabe qué correspondencia cósmica capaz de producir un todo.
No, no se trata de un enchufe eléctrico ni de una sabiduría cualquiera de la naturaleza, que determinaría una línea unívoca y sin ruptura del género. ¿Has visto, hijo mío?, las moscas van con las moscas, el gallo con las gallinas, el vecino con la vecina... El amor tiene más que ver con un pez muy original al que le gusta una bicicleta y con una bicicleta que sueña con vivir con un pez. Ni armonía, ni encaje, ni correspondencia, simplemente, tal vez, admiración.
"La admiración, según dice Luce Irigaray, esa pasión que no tiene ni contrario ni contradictorio, y que siempre es por una primera vez. Así, el hombre y la mujer, la mujer y el hombre están siempre una primera vez en el encuentro porque son insustituibles el uno con respecto al otro. Jamás estaré en el lugar de un hombre, jamás un hombre estará en mi lugar. Cualesquiera que sean las identificaciones posibles, jamás ocupará uno exactamente el lugar del otro -son irreductibles uno con respecto al otro" (2). Imaginemos la sorprendida admiración entre un pez y una bicicleta. La bicicleta no creo que este ser tan raro, sin piernas ni brazos, sepa hacerla andar como se debe y, por su parte, el pez no ve en la bicicleta una buena herramienta para ir a su trabajo de pez.
La frase del discurso amoroso está enunciada por Jacques Lacan como: "Te pido que rechaces lo que te ofrezco porque no es eso..." Nunca es eso y, sin embargo, no podemos impedimos ofrecer nuestro amor. Para que el amor no tenga la cara de una botella de Coca-Cola, es necesario poder identificar el vacío, la fisura o la ruptura de un acuerdo entre dos seres que podrán decir de la armonía: "No es eso."
Frente a su mutua incapacidad para convertirse en la herramienta del otro, el pez y la bicicleta tienen la posibilidad de construir a partir del vacío una relación de admiración y de fidelidad llamada amor. Fidelidad entre un pez y una bicicleta podría querer decir no tomar al otro como objeto en un "salto del intervalo", respetarlo y admirarlo como quien sigue siendo otro con el pasar del tiempo. Ser fiel, para la burguesía, significa gozar del otro en su consumo y su digestión hasta que el otro entregue su alma, que ya no tenga secretos, tanto de profundidad como de libertad. En la felicidad mercantil, fidelidad significa encarcelar al otro, amor bancario en que uno invierte parte de su capital en alguien y el resto en otra persona...
Que no se trate de un enchufe eléctrico, que a pesar de la "buena" voluntad del sexólogo todo no ocurra como entre los hipopótamos, también quiere decir que, mientras el amor entre un pez y una bicicleta esté fundado en la ética y la admiración, no habrá aberración ni perversión, ni "mala elección de objeto", en una palabra, no habrá patología. Entre pez y bicicleta, incluso entre varios, todo está permitido.
"La palabra fidelidad, escribe Alain Badiou, remite con claridad a la relación amorosa, pero yo diría que es más bien la relación amorosa la que remite, en el punto más sensible de la experiencia individual, a la dialéctica del ser y del acontecimiento, cuya fidelidad propone un ordenamiento temporal. En efecto, está fuera de duda que el amor, lo que se llama amor, se funda con una intervención y, por lo tanto, con una nominación, en los parajes de un vacío convocado por un encuentro" (3).
El acontecimiento amoroso, tratado como tal por Badiou, tiene sin duda que ver con la "verdad", la "verdad" que plantea un indiscemible, haciendo un agujero en lo cotidiano, en el saber (hacer) cotidiano. Frente a este punto de vacío se requiere la ética, porque en ese momento de ruptura de lo cotidiano que constituye el acontecimiento del encuentro amoroso, los hombres y las mujeres tarnbién pueden aplastar lo que hay de nuevo en este encuentro transformándolo en una "aventura" o, peor todavía, en un casamiento. Desde el principio son infieles, no en el sentido burgués de engañar a su pareja, sino infieles al acontecimiento, a la singularidad del acontecimiento.
Dicen que las cigüeñas son monógamas; en cambio, los gorilas aparentemente no lo son, ¡bagatelas! Ni las cigüeñas ni los gorilas, ni siquiera los hipopótamos pueden hacer de otro modo lo que hacen. Para ellos, la imagen que se impone es la de un ciclista en perfecta armonía con su bicicleta, o la de una horma con su zapato.
En las relaciones amorosas que intentan existir más allá de las leyes de la mercancía, todo queda por construir en un juego arriesgado, juego de fidelidades múltiples. Pero sin duda, como lo dice Luce Irigaray, se trata para la mujer de amarse a sí misma (nosotros diremos ser fiel a sí misma) para poder amar a otras mujeres u hombres. Con agrado incluimos en esta opinión a todos los peces y bicicletas que se lanzan en la aventura amorosa.
Si es cierto que existe una figura de la totalidad totalizante, de la armonía pastoril cristalizada, ella es exactamente la que evoca el significante "amor". Cuando decimos "amor", no hemos dicho todo, lejos de ello; sin embargo, la mayoría de las veces, no queda nada por decir, excepto agua fresca, ¿por qué será?. Corriendo el riesgo de caer en una herejía más, trataremos de decir algo acerca del amor.
La condición amorosa, con todas sus imágenes cercanas a un autismo romántico, remite tanto a los hombres como a las mujeres a una subjetividad muy particular, en la que se fusionan de manera imaginaria, permanente y armónica con otro ser que los comprende (comprende todo, por supuesto), los envuelve, los protege, los estimula... Ying y Yang, Juan y María... La enfermedad amorosa nos da la ilusión de un cotidiano mágicamente transformado: me pongo las medias, María está ahí; ella se cepilla los dientes, Juan está ahí. ¡Qué bárbaro! Al amor a primera vista, mientras se trata de una metáfora, todos conseguimos más o menos superarlo, porque a lo cotidiano transformado por el amor le siguen días posteriores en que María pierde lentamente sus poderes.
Nuestra sociedad de la mercancía y del espectáculo ha hecho del amor una super-mercancía descartable. Todo tiene que ocurrir en la estupefacción del consumidor encantado, pero nuestra sociedad digiere rápido. Sabemos todos, gracias a fabulosas herramientas tales como la televisión, de qué modo enamorarse, reemplazando, por ejemplo, el agua por la Coca-Cola, cómo vivir un amor a primera vista embriagado por su perfume(**),cómo declarar su amor con un diamante ... (***). El agua fresca, prótesis indispensable para el acontecimiento amoroso, es alegremente reemplazada por otros productos menos acuosos y más caros según el antojo de nuestros publicitarios, esos gangsters de nuestra época.
Pero dejando de lado las bromas, "una mujer sin un hombre es como un pez sin bicicleta": este bellísimo slogan elaborado por las "hermanas" del movimiento feminista nos permite escribir algunas palabras más allá de toda armonía pastoral amorosa. Nosotros pensarnos que hay que atreverse a deconstruir radicalmente y sin concesiones estas visiones unidimensionales y estériles de un amor-armonía, de un encuentro perfecto que responde a no se sabe qué correspondencia cósmica capaz de producir un todo.
No, no se trata de un enchufe eléctrico ni de una sabiduría cualquiera de la naturaleza, que determinaría una línea unívoca y sin ruptura del género. ¿Has visto, hijo mío?, las moscas van con las moscas, el gallo con las gallinas, el vecino con la vecina... El amor tiene más que ver con un pez muy original al que le gusta una bicicleta y con una bicicleta que sueña con vivir con un pez. Ni armonía, ni encaje, ni correspondencia, simplemente, tal vez, admiración.
"La admiración, según dice Luce Irigaray, esa pasión que no tiene ni contrario ni contradictorio, y que siempre es por una primera vez. Así, el hombre y la mujer, la mujer y el hombre están siempre una primera vez en el encuentro porque son insustituibles el uno con respecto al otro. Jamás estaré en el lugar de un hombre, jamás un hombre estará en mi lugar. Cualesquiera que sean las identificaciones posibles, jamás ocupará uno exactamente el lugar del otro -son irreductibles uno con respecto al otro" (2). Imaginemos la sorprendida admiración entre un pez y una bicicleta. La bicicleta no creo que este ser tan raro, sin piernas ni brazos, sepa hacerla andar como se debe y, por su parte, el pez no ve en la bicicleta una buena herramienta para ir a su trabajo de pez.
La frase del discurso amoroso está enunciada por Jacques Lacan como: "Te pido que rechaces lo que te ofrezco porque no es eso..." Nunca es eso y, sin embargo, no podemos impedimos ofrecer nuestro amor. Para que el amor no tenga la cara de una botella de Coca-Cola, es necesario poder identificar el vacío, la fisura o la ruptura de un acuerdo entre dos seres que podrán decir de la armonía: "No es eso."
Frente a su mutua incapacidad para convertirse en la herramienta del otro, el pez y la bicicleta tienen la posibilidad de construir a partir del vacío una relación de admiración y de fidelidad llamada amor. Fidelidad entre un pez y una bicicleta podría querer decir no tomar al otro como objeto en un "salto del intervalo", respetarlo y admirarlo como quien sigue siendo otro con el pasar del tiempo. Ser fiel, para la burguesía, significa gozar del otro en su consumo y su digestión hasta que el otro entregue su alma, que ya no tenga secretos, tanto de profundidad como de libertad. En la felicidad mercantil, fidelidad significa encarcelar al otro, amor bancario en que uno invierte parte de su capital en alguien y el resto en otra persona...
Que no se trate de un enchufe eléctrico, que a pesar de la "buena" voluntad del sexólogo todo no ocurra como entre los hipopótamos, también quiere decir que, mientras el amor entre un pez y una bicicleta esté fundado en la ética y la admiración, no habrá aberración ni perversión, ni "mala elección de objeto", en una palabra, no habrá patología. Entre pez y bicicleta, incluso entre varios, todo está permitido.
"La palabra fidelidad, escribe Alain Badiou, remite con claridad a la relación amorosa, pero yo diría que es más bien la relación amorosa la que remite, en el punto más sensible de la experiencia individual, a la dialéctica del ser y del acontecimiento, cuya fidelidad propone un ordenamiento temporal. En efecto, está fuera de duda que el amor, lo que se llama amor, se funda con una intervención y, por lo tanto, con una nominación, en los parajes de un vacío convocado por un encuentro" (3).
El acontecimiento amoroso, tratado como tal por Badiou, tiene sin duda que ver con la "verdad", la "verdad" que plantea un indiscemible, haciendo un agujero en lo cotidiano, en el saber (hacer) cotidiano. Frente a este punto de vacío se requiere la ética, porque en ese momento de ruptura de lo cotidiano que constituye el acontecimiento del encuentro amoroso, los hombres y las mujeres tarnbién pueden aplastar lo que hay de nuevo en este encuentro transformándolo en una "aventura" o, peor todavía, en un casamiento. Desde el principio son infieles, no en el sentido burgués de engañar a su pareja, sino infieles al acontecimiento, a la singularidad del acontecimiento.
Dicen que las cigüeñas son monógamas; en cambio, los gorilas aparentemente no lo son, ¡bagatelas! Ni las cigüeñas ni los gorilas, ni siquiera los hipopótamos pueden hacer de otro modo lo que hacen. Para ellos, la imagen que se impone es la de un ciclista en perfecta armonía con su bicicleta, o la de una horma con su zapato.
En las relaciones amorosas que intentan existir más allá de las leyes de la mercancía, todo queda por construir en un juego arriesgado, juego de fidelidades múltiples. Pero sin duda, como lo dice Luce Irigaray, se trata para la mujer de amarse a sí misma (nosotros diremos ser fiel a sí misma) para poder amar a otras mujeres u hombres. Con agrado incluimos en esta opinión a todos los peces y bicicletas que se lanzan en la aventura amorosa.
Notas:
(1). Alain Badiou, Manifeste pour la philosophie, Le Seuil. Paris, 1989.
(*) Hemos optado por dejar la expresión francesa Vivre d'amour el d'eau fraîche, cuyo equivalente en castellano es Amor, pan y cebolla, debido a las numerosas y precisas referencias que de ella hace el autor a lo largo de este capítulo [N. del T.]
(**) Coup de foudre, cuyo significado en castellano es "amor a primera vista", es también el nombre de un perfume [N. del T.]
(***) Comment déclarer son amour avec un diamant: referencia a una publicidad francesa para la promoción de diamantes [N. del T.1]
(2). Luce Irigaray, Ethique de la différence sexuelle, Ed. de Minuit, Paris, 1984, p.20.
(3). Alain Badiou, L´ Etre et l' Evénement, Seuil, Paris, 1988, p. 257.
viernes, 26 de diciembre de 2008
MOVIMIENTOS
Movimientos?
Releyendo la biografía de Miles Davis, recuerdo aquél café que tomamos con Oscar hace ya algunos años. Era sobre todo y ante todo, psicoanálisis y jazz.
Ahí comenzamos a pensar las analogías posibles entre ambas prácticas. O debería decir movimientos queriendo decir articulaciones?
Algunas de las que encontramos en ese café trasnochado:
- En primer lugar tanto el psicoanálisis como el jazz, surgen en el mismo tiempo, a principios del siglo pasado.- La improvisación. En las sesiones de jazz, cuando se pone en juego esta práctica, es creación pura. De ahí que en jazz se dice que el tema es la versión, no hay un mismo tema interpretado dos veces del mismo modo, nunca. En la sesión analítica tampoco, el acto analítico es ahí, en acto, en transferencia, no es una historia clínica, es inventiva, es singular, sin par, única.
Y ahí aparece de nuevo Miles Davis, con su estilo, el usar los silencios, el negro dijo: El silencio es el ruido más fuerte, quizás el más fuerte de los ruidos.
Acaso cuando alguien está en análisis el silencio no tiene sentido? Acaso no es ese un momento crucial en el puro bla bla del sentido? Acaso el silencio del analista, no le hace ruido al analizante? Acaso su propio silencio no es insoportable para el?
En ambos casos hay, entre los protagonistas, un acuerdo racional mínimo, luego la asociación libre, que sabemos no lo es tanto, como tampoco son libres las improvisaciones en las sesiones de jazz.
Y así estuvimos, largas horas, desmenuzando estas historias.
Todo empezó porque mi amigo Oscar era un aficionado al cine y a la fotografía, y en esa época al psicoanálisis. Había vivido 20 años en París, luego de un breve paso por el exilio mexicano. Allí, luego de trabajar como fotógrafo, periodista y haber, entre tantas otras cosas, entrevistado a Juan Gelman -yo no creí esto hasta que vi., en un libro de antología, la referencia al reportaje "Penurias en el exilio y locuras en el país" en revista Kosmos, N° 16, Bs. As. 1983.”
Se sorprendió mucho cuando le mostré el libro, él no le había dado casi trascendencia pero yo si se la había dado.
También me contó en un viaje algo increíble que hicimos una noche a Isla Verde, las penurias que había pasado en México, sin trabajo ni dinero, con su mujer y una hija de un año, y de como se salvó una vez que fue secuestrado. Lo llevaron a un descampado unos tipos revólver en mano y, mientras gatillaban en falso sobre su cabeza y se reían, le dijeron que caminara y no se diera vuelta. Y de como esperaba el sonido de las balas, y su final. Y luego dijo “si estoy contándote esto es porque eso no sucedió”.
Luego de que algunos intelectuales argentinos exiliados le salvaran la vida dándole trabajo como fotógrafo, entre ellos Carlos Ulanosky, Noé Jitrik y el viejo Rodolfo Puigrós. Que entre otras oportunidades, le encargaron pactar una entrevista a julio Cortázar que no pudo concretarse. El escritor había viajado a Bs. As. (en ese recordado retorno sin gloria pos dictadura) y ya no regresó. Falleció al poco tiempo.
Lo que más me impresionó de la vida de Oscar fue lo que me contó en ese viaje en auto por una ruta oscura y desierta, él manejando con la conducta europea, que me irritaba un poco, fue la respuesta a mi pregunta de porque se fue a París cuando ya se había establecido en México. Dijo: “porque seguía leyendo a Lacan y no lo entendía bien, y me dije: a esto hay que leerlo en francés!!!” y más sorprendente aún fue cuando dijo que los franceses no le parecieron descorteces ni fríos ni nada de ese mito latinoamericano. Él decía que era la angustia de la desolación de los exiliados que hablaban así, porque él había ido a ellos, se había abierto a los franceses, y no esperaba nada a cambio, solo instalarse, trabajar y leer a Lacan. Y lo consiguió. En ese viaje, comenzó a poner música de él por primera vez, es decir, lo que escuchaba en París. Y entre varios autores franceses que me sonaron horribles, puso a Lou Reed, y luego el golpe de nocaut, Miles Davis, y creo que no casualmente mientras el negro sonaba nosotros hicimos un largo silencio.
Otra vez el silencio que contagia.
Por eso ahora mientras releo la biografía de Miles, y tampoco no casualmente, me acuerdo de Oscar. Este mismo año que ya se termina, yo esperaba en un café de córdoba entre sesión y sesión de mi análisis extraviado en mis pérdidas y mirando el bloque de gente que pasaba por la vereda, creí verlo pasar.
Cuando pude reaccionar salí a la calle a buscarlo y no lo encontré, fue muy extraño estar mirando gente sin mirar y en la multitud pasa un flaco muy canoso -mucho más que en aquella época de mis recuerdos-, muy narigón, con mucha pinta de francés, desgarbado y elegante, no se como describirlo.
Tampoco se como pero supe que era él, cuando no tenía ninguna noticia de que estuviera en el país. A los pocos meses, en Villa María me entero de la peor noticia, Oscar había fallecido en un hospital de la ciudad de Córdoba. No lo sabía y ya era tarde. También supe que internado en terapia preguntó por mí.
Tampoco es casualidad que lo extrañe mucho en este tiempo. Tiempo difícil para hablar con la gente. He conocido muy pocas personas que disfrutan del arte de la conversación, de pasar el tiempo hablando y que, en el mismo momento en cualquier momento, surja algo creativo, algo que nos deje pensando o inventando algún proyecto, como aquel de la convocatoria lacaniana de Villa María.
Todos los encuentros con Oscar fueron así, plenos, ricos, fructíferos, aún por inútiles, por el puro placer de la conversación.
Cuando uno mira hacia atrás, y ve los restos de las personas que marcaron nuestra vida de alguna manera, Oscar fue uno de esos tipos que tuvo y tiene que ver con mi vida.
Y vuelvo a decir movimientos.
Gracias Oscar. A tu salud!!!
In memoriam Oscar Paoloni
IT NEVER ENTERED MY MIND. MILES DAVIS
Releyendo la biografía de Miles Davis, recuerdo aquél café que tomamos con Oscar hace ya algunos años. Era sobre todo y ante todo, psicoanálisis y jazz.
Ahí comenzamos a pensar las analogías posibles entre ambas prácticas. O debería decir movimientos queriendo decir articulaciones?
Algunas de las que encontramos en ese café trasnochado:
- En primer lugar tanto el psicoanálisis como el jazz, surgen en el mismo tiempo, a principios del siglo pasado.- La improvisación. En las sesiones de jazz, cuando se pone en juego esta práctica, es creación pura. De ahí que en jazz se dice que el tema es la versión, no hay un mismo tema interpretado dos veces del mismo modo, nunca. En la sesión analítica tampoco, el acto analítico es ahí, en acto, en transferencia, no es una historia clínica, es inventiva, es singular, sin par, única.
Y ahí aparece de nuevo Miles Davis, con su estilo, el usar los silencios, el negro dijo: El silencio es el ruido más fuerte, quizás el más fuerte de los ruidos.
Acaso cuando alguien está en análisis el silencio no tiene sentido? Acaso no es ese un momento crucial en el puro bla bla del sentido? Acaso el silencio del analista, no le hace ruido al analizante? Acaso su propio silencio no es insoportable para el?
En ambos casos hay, entre los protagonistas, un acuerdo racional mínimo, luego la asociación libre, que sabemos no lo es tanto, como tampoco son libres las improvisaciones en las sesiones de jazz.
Y así estuvimos, largas horas, desmenuzando estas historias.
Todo empezó porque mi amigo Oscar era un aficionado al cine y a la fotografía, y en esa época al psicoanálisis. Había vivido 20 años en París, luego de un breve paso por el exilio mexicano. Allí, luego de trabajar como fotógrafo, periodista y haber, entre tantas otras cosas, entrevistado a Juan Gelman -yo no creí esto hasta que vi., en un libro de antología, la referencia al reportaje "Penurias en el exilio y locuras en el país" en revista Kosmos, N° 16, Bs. As. 1983.”
Se sorprendió mucho cuando le mostré el libro, él no le había dado casi trascendencia pero yo si se la había dado.
También me contó en un viaje algo increíble que hicimos una noche a Isla Verde, las penurias que había pasado en México, sin trabajo ni dinero, con su mujer y una hija de un año, y de como se salvó una vez que fue secuestrado. Lo llevaron a un descampado unos tipos revólver en mano y, mientras gatillaban en falso sobre su cabeza y se reían, le dijeron que caminara y no se diera vuelta. Y de como esperaba el sonido de las balas, y su final. Y luego dijo “si estoy contándote esto es porque eso no sucedió”.
Luego de que algunos intelectuales argentinos exiliados le salvaran la vida dándole trabajo como fotógrafo, entre ellos Carlos Ulanosky, Noé Jitrik y el viejo Rodolfo Puigrós. Que entre otras oportunidades, le encargaron pactar una entrevista a julio Cortázar que no pudo concretarse. El escritor había viajado a Bs. As. (en ese recordado retorno sin gloria pos dictadura) y ya no regresó. Falleció al poco tiempo.
Lo que más me impresionó de la vida de Oscar fue lo que me contó en ese viaje en auto por una ruta oscura y desierta, él manejando con la conducta europea, que me irritaba un poco, fue la respuesta a mi pregunta de porque se fue a París cuando ya se había establecido en México. Dijo: “porque seguía leyendo a Lacan y no lo entendía bien, y me dije: a esto hay que leerlo en francés!!!” y más sorprendente aún fue cuando dijo que los franceses no le parecieron descorteces ni fríos ni nada de ese mito latinoamericano. Él decía que era la angustia de la desolación de los exiliados que hablaban así, porque él había ido a ellos, se había abierto a los franceses, y no esperaba nada a cambio, solo instalarse, trabajar y leer a Lacan. Y lo consiguió. En ese viaje, comenzó a poner música de él por primera vez, es decir, lo que escuchaba en París. Y entre varios autores franceses que me sonaron horribles, puso a Lou Reed, y luego el golpe de nocaut, Miles Davis, y creo que no casualmente mientras el negro sonaba nosotros hicimos un largo silencio.
Otra vez el silencio que contagia.
Por eso ahora mientras releo la biografía de Miles, y tampoco no casualmente, me acuerdo de Oscar. Este mismo año que ya se termina, yo esperaba en un café de córdoba entre sesión y sesión de mi análisis extraviado en mis pérdidas y mirando el bloque de gente que pasaba por la vereda, creí verlo pasar.
Cuando pude reaccionar salí a la calle a buscarlo y no lo encontré, fue muy extraño estar mirando gente sin mirar y en la multitud pasa un flaco muy canoso -mucho más que en aquella época de mis recuerdos-, muy narigón, con mucha pinta de francés, desgarbado y elegante, no se como describirlo.
Tampoco se como pero supe que era él, cuando no tenía ninguna noticia de que estuviera en el país. A los pocos meses, en Villa María me entero de la peor noticia, Oscar había fallecido en un hospital de la ciudad de Córdoba. No lo sabía y ya era tarde. También supe que internado en terapia preguntó por mí.
Tampoco es casualidad que lo extrañe mucho en este tiempo. Tiempo difícil para hablar con la gente. He conocido muy pocas personas que disfrutan del arte de la conversación, de pasar el tiempo hablando y que, en el mismo momento en cualquier momento, surja algo creativo, algo que nos deje pensando o inventando algún proyecto, como aquel de la convocatoria lacaniana de Villa María.
Todos los encuentros con Oscar fueron así, plenos, ricos, fructíferos, aún por inútiles, por el puro placer de la conversación.
Cuando uno mira hacia atrás, y ve los restos de las personas que marcaron nuestra vida de alguna manera, Oscar fue uno de esos tipos que tuvo y tiene que ver con mi vida.
Y vuelvo a decir movimientos.
Gracias Oscar. A tu salud!!!
In memoriam Oscar Paoloni
IT NEVER ENTERED MY MIND. MILES DAVIS
bajan. ceratti-spinetta
BAJAN
Tengo tiempo para saber si lo que sueño concluye en algo.
No te apures ya mas, loco, porque es entonces cuando las horas
bajan, el dia es vidrio sin sol;
bajan, la noche te oculta la voz.
Y, ademas, vos queres sol, despacio tambien
podes hallar la luna.
Viejo roble del camino, tus hojas siempre se agitan algo.
Nena, que bien te ves cuando en tus ojos no importa si las horas
bajan, y el dia se sienta a morir;
bajan, la noche se nubla sin fin.
Y, ademas, vos sos el sol,
despacio, tambien, podes ser la luna...
Luis Alberto Spinetta
lunes, 22 de diciembre de 2008
Natividad.
Nace un dios. Otros mueren. La verdad / No viene ni se va. Cambia el error.
Tenemos otra eternidad ahora.
Era siempre mejor la que ha pasado.
Ciega, labra la ciencia estéril gleba.
Loca, la fe en su culto vive un sueño.
Un nuevo Dios es solo una palabra.
No busques, no des fe. Todo esta oculto.[1]
[1] Poema de Fernando Pessoa, en traducción de Octavio Paz.
Navidad.
Ni aquí ni ahora. Vana promesa.
De otro calor y nuevo descubrimiento.
Se deshace bajo la hora que anochece.
¿Brillan las luces en el cielo? Siempre brillaron.
De esa vieja ilusión desengañémonos:
Es día de navidad. No pasa nada.[1]
[1]José Saramago
Nace un dios. Otros mueren. La verdad / No viene ni se va. Cambia el error.
Tenemos otra eternidad ahora.
Era siempre mejor la que ha pasado.
Ciega, labra la ciencia estéril gleba.
Loca, la fe en su culto vive un sueño.
Un nuevo Dios es solo una palabra.
No busques, no des fe. Todo esta oculto.[1]
[1] Poema de Fernando Pessoa, en traducción de Octavio Paz.
Navidad.
Ni aquí ni ahora. Vana promesa.
De otro calor y nuevo descubrimiento.
Se deshace bajo la hora que anochece.
¿Brillan las luces en el cielo? Siempre brillaron.
De esa vieja ilusión desengañémonos:
Es día de navidad. No pasa nada.[1]
[1]José Saramago
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